El día de la crucifixión de Jesús, también había otros dos hombres condenados a morir. Interesante que Jesús no fue crucificado solo, ni con otro, ni con otros tres o más, sino con solamente dos; y Jesús estuvo en medio de los dos. Uno de los malhechores a la derecha, y el otro a la izquierda….. y Jesús en el medio.
Quizás muchos ven a estos dos como simplemente dos malhechores. Sin embargo, para la mayoría de los que han recibido los estudios bíblicos que llamamos “Cimientos Firmes”, un recorrido por la historia bíblica desde el principio, pueden concluir con una perspectiva distinta. Para muchos de ellos, terminan contemplando a estos dos hombres como representantes de toda la humanidad desde el principio hasta el día de hoy.
Cada uno de nosotros está representado por uno de estos hombres, así como por la eternidad que sirven para personalizar.
Terminaron con dos actitudes diferentes, dos perspectivas y convicciones distintas y dos destinos opuestos. Todo eso a pesar del hecho de que ambos eran malhechores, ambos cometieron ofensas, ambos fueron condenados, ambos eran culpables, y ambos estaban muriendo. Sin embargo, uno está en el cielo y el otro no. La diferencia radica en la convicción y la actitud que tenían hacia Aquel que estaba en medio de ellos, Jesús.
El mensaje bíblico desde el principio de la historia apunta a Jesucristo. El enfoque de la historia está centrado en Él. Sin embargo, a veces, en el afán de querer llevar a las personas hacia el Salvador, podemos encontrarnos culpables de haberles quitado su necesidad primordial de obtener una perspectiva fundamental de Jesucristo, que solo se puede alcanzar desde un punto de vista distinto.
Desde el comienzo de la historia bíblica, se desatan dos caminos que se ven con creciente claridad a medida que avanza la historia, culminando en el día de la crucifixión de Jesús. Una pregunta que nos confronta es: ¿Adónde nos llevan estos dos caminos? Muchos dirían, quizás sin pensarlo mucho: “¡Nos llevan a Jesús!”. Bueno, los dos caminos terminan muy cerca de Jesús, pero no llegan exactamente a Él. Los dos terminan topándose en las cruces de los dos hombres crucificados a los lados de Jesús, no a Jesús mismo.
A través de esta breve REFLEXIÓN, deseamos animar a cada uno de nuestros lectores, compañeros, consiervos, amigos y hermanos a repasar algunos de los principios que hemos enfatizado. Más importante que el mensaje mismo de Dios es comprender el significado y el propósito por el cual Dios nos dio Su Palabra.
Damos muchas gracias a Dios por tu vida. Le agradecemos por tu decisión de tener a Jesucristo como el punto céntrico de tu vida. Por medio de la presente, te animamos a volver a leer atentamente las páginas 193-199 del libro Las Lágrimas en el Camino de Mileto (el texto viene a continuación).
Dios te bendiga abundantemente,
Rick y Eunice
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Del libro Las Lágrimas en el Camino de Mileto, páginas 193-199
Dos caminos que llegan cerca de Jesús
Te darás cuenta que muchos métodos populares de evangelismo se enfocan en llevar a la gente a Jesús. El trabajo de ustedes es algo parecido pero a la vez distinto. Mientras van contando pacientemente la historia de Dios, los interesados van identificándose con los personajes y dinámicas de la historia, y van viendo la distinción entre estos dos caminos. Cuando lleguen al Nuevo Testamento y, más delante, acercándose a la crucifixión de Jesús, la pregunta que nos confronta es ¿A dónde nos llevan estos dos caminos? La mayoría, por su orientación religiosa, diría rápidamente, “nos dirigen a Jesús”. Casi nos llevan a Jesús, sin embargo no es así.
Estos dos caminos terminan muy cerca de Jesús, pero no llegan exactamente a Él. Los dos terminan topándose en las cruces de los dos hombres crucificados a los lados de Jesús, no a Jesús mismo.
Aquel día en que Jesús fue crucificado llevaron a otros dos. Estos dos hombres eran criminales, condenados a morir. ¿Crees que fue una coincidencia que hubieron dos culpables crucificados aquel día con Jesús? ¿Es una coincidencia que no fue crucificado Jesús sólo, o Jesús crucificado con uno, tres o más? ¿Es una casualidad que Jesús fuera crucificado en medio de los dos y no a un lado de ellos? ¿Te parece raro que de esos dos hombres culpables, condenados a morir a cada lado de Jesús, uno confió en Él y el otro no? Es la historia que hemos visto desde el principio, pero ahora con más claridad, viendo el significado desarrollado desde el comienzo y culminando en Jesús.
Allí estaba el Inocente, siendo sacrificado, derramando su sangre. Jesús, quien separa y está en medio de los que creen y los que no. Estos dos hombres estaban muy, muy cerca de Jesús. Uno de ellos desafiaba a Jesús burlándose de Él. El otro tuvo temor de Dios. Éste, aceptó su culpabilidad, entendió que la paga por causa de su pecado era la muerte y que el castigo era justo. Además, sabía que Jesús era inocente en todo. Entendió que hay vida después de la muerte y buscaba esa vida con y en Jesús. Jesús le dijo a éste que ese mismo día estaría con Él en el paraíso.
Dos hombres culpables y un Inocente en medio
Hermanos, allí están los dos lados de la humanidad. Todos y cada uno de nosotros, sin remedio, incapaces, desnudos, avergonzados de nuestro orgullo y egoísmo. Cada quien decide en qué lado se parará. Jesús está en medio. Cada individuo decide en qué lado terminará, en el lado de Caín, o el de Abel. Uno es el criminal que se aferra a su ego, el otro es el criminal que deposita toda su confianza y esperanza en Jesús.
En el huerto del Edén encontramos “dos palos”, dos árboles distintos, el de la vida y el del conocimiento del bien y del mal. Uno está relacionado a la voluntad del hombre, su rebeldía, su ego y la muerte. El otro es el árbol de la vida, la provisión de Dios.
En el desierto (Números 21) la gente empezó a hablar contra Dios y la consecuencia fue una invasión de serpientes venenosas. Cuando la gente reconoció su pecado, fueron con Moisés a pedirle ayuda. Dios le dio a Moisés instrucciones para hacer una serpiente como esas y ponerla en un asta. Dijo Dios: “Cuando alguien sea mordido por una serpiente, que mire hacia la serpiente del asta, y se salvará”. De esta historia habló Jesús con Nicodemo. Jesús tomó sobre él, la consecuencia del pecado, fue levantado sobre un palo de la misma manera que la serpiente en el desierto. Jesús le dijo a Nicodemo: “Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Juan 3:14-15).
En el día de la crucifixión aparece Jesús levantado. ¡Aquí encontramos “la culminación” del mensaje de salvación y su significado, no su comienzo! Aquí es donde podemos ver una convicción en cuanto al significado en los que hemos estado enseñando. ¿Han entendido que han sido “mordidos por una serpiente” (el pecado)? ¿Están mirando hacia El que ha cargado con el pecado del mundo, el Inocente en el asta? ¿Han entendido que Jesús fue levantado a favor de todo el que cree en Él para recibir la vida eterna? ¿Están identificándose con el hombre criminal crucificado al lado de Jesús, humillado, sin nada, sin dignidad, sin fuerzas, sangrando a punto de morir, quien puso su fe en Jesús aquel día?
Éste criminal se convirtió en tu hermano aquel día. El significado de la Pascua del Cordero fue revelado y culminado aquel día. Sobre el criminal que puso su confianza en Jesús, la sangre del Cordero Jesús lo cubrió para toda la eternidad, pero al otro criminal no. Las palabras de Éxodo 12 resuenan por los largos pasillos de la historia – “Veré la sangre y pasaré de largo”. El juicio de Dios no encuentra lugar para el que vive en la pascua. La salvación viene por FE, SACRIFICIO Y SANGRE. La fe, a la manera de Dios. El sacrificio y la sangre del Inocente sobre el culpable.
Identificado con uno u otro
La pregunta aquí no es si uno quiere “aceptar a Jesús” sino más bien si entiende que está plenamente identificado con uno de esos dos criminales crucificados. Los dos son espejos donde debemos encontrarnos reflejados. Como lo que encontramos en el principio de la historia, Dios sigue mirando a estas dos cosas: 1. la fe que uno tiene, y 2. la ofrenda o sacrificio en lo que el hombre ha puesto su fe y su confianza.
Por ese motivo, Jesús habló con Nicodemo haciéndole pensar sobre la Escritura que ya conocía muy bien, para darle la oportunidad de entender el significado de lo más importante. Nicodemo sabía muy bien que los israelitas en el desierto hubieran muerto por las mordeduras de las serpientes sin el rescate de Dios. Dios mandó a Moisés que pusiera en un palo una representación de algo que les hiciera pensar en su pecado. Con una mirada de fe, podrían ser salvos. Si uno quería ser salvo, sólo tenía que mirar hacia la serpiente levantada en el palo, confiando en que Dios le salvaría.
Jesús le dijo a Nicodemo: “Y así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también el Hijo del hombre tiene que ser levantado, para que todo el que cree en él tenga vida eterna” (Juan 3:14-15). Debemos entender bien estos principios. La semilla sembrada en buena tierra representa a los que oyen el mensaje y lo entienden, y dan una buena cosecha. La tierra ha sido preparada antes de que la semilla sea sembrada.
Cuando uno comprende que el evangelio no se trata de “sonríe, Jesús te ama”, o “acepta a Jesús en tu corazoncito”, entonces puede ser iluminado con entendimiento sobre la importancia del cimiento. Romanos 1:17 dice: “Pues este mensaje nos muestra de qué manera Dios nos libra de culpa: es por fe y solamente por fe…” ¿De qué mensaje está hablando Pablo en este texto? Pues del mensaje que empieza en el principio y es desarrollado a lo largo de la historia. ¡Este mensaje nos muestra el camino de la fe, de principio a fin!
¡Es precisamente este mensaje el que nos muestra de qué manera Dios nos libra de culpa – fe y confianza en la ofrenda provista por Dios, el sacrificio y sangre de Jesús, el Inocente que cubre al culpable eternamente! Entonces queremos seguir animándoles, hermanos, en su buen trabajo, compartiendo el mensaje de esta manera cronológica, empezando con el fundamento, para que la gente pueda entender el significado del mismo y pueda decir con convicción: “¡Ahora veo claramente! Ahora entiendo y creo”.