REFLEXIÓN #11 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor.

Bueno, hoy concluimos esta serie sobre la necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Senor. Estamos agradecidos con quienes han estado preguntando sobre estos temas a lo largo de los últimos meses y que inspiraron la creación de esta breve serie. ¡¡¡GRACIAS!!!

En esta última REFLEXIÓN sobre la Cena del Señor, abordaremos brevemente algunos aspectos prácticos relacionados con las “FORMAS” de la Cena, enfocándonos en su debida y correcta “FUNCIÓN” práctica; la misma que implica una participación activa, reflexiva, abierta y centrada de todo el cuerpo, la congregación, en este momento tan especial.

Queremos expresar un agradecimiento muy especial a nuestro muy querido compañero y consiervo, Alfredo Hernández, por su dedicación, su atención a tantos detalles y por el tiempo que ha dedicado a formatear y publicar estas REFLEXIONES. ¡Gracias, nuestro amado y apreciado hermano Alfredo!

¡Y a cada uno de ustedes que está leyendo esto: GRACIAS!!! Te valoramos y apreciamos muchísimo. ¡Damos gracias a Dios por tu vida y por tus esfuerzos incansables, invirtiendo en los propósitos eternos de Dios! ¡Damos muchas gracias a Dios por tu vida! ¡Ánimo!!!!

Rick y Eunice

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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes –ETAPAS 2 y 3, páginas 50-52)

La noche de las dos Cenas del Señor

Fue en una de las primeras veces que celebramos la Cena del Señor, en una de nuestras comunidades con los nuevos creyentes, que sucedió algo interesante. Comimos juntos, convivimos juntos y luego tomamos un tiempo para darle gracias a Dios por todo lo que hizo por nosotros.

En esa ocasión que gozamos con los nuevos discípulos, le pedimos a cada uno que tomara un pan y luego compartiera unas palabras de agradecimiento a Dios. Mientras seguíamos comiendo y compartiendo, me di cuenta de que uno de los hermanos solo miraba el pan y el jugo que compartíamos entre todos. Su mirada no era de gozo, sino de tristeza. Cuando estábamos por terminar, le pregunté delante de todos los demás: “Hermano Daniel, ¿no quisiste participar? ¿Por qué no”? Los ojos de Daniel se llenaron de lágrimas. Daniel respondió diciendo: “Aquí estoy, pensando en todo lo que ha hecho Jesús por mí. No pude participar porque me siento tan indigno”.

¡Qué bendición nos dio Daniel aquella noche! ¡Qué oportunidad y qué privilegio para todos! Les pregunté a todos, ¿quiénes de los que estamos aquí somos dignos de tomar la Cena? Todos estábamos de acuerdo en que ninguno era digno, pero que Jesús sí lo es. Él nos invita a recordar Su pacto. Deberíamos participar porque Él pagó el precio para salvarnos.

Con estas perspectivas compartidas, el aspecto del rostro de Daniel cambió totalmente. ¡Con su nueva perspectiva sobre el enfoque, unos se fueron corriendo a la tienda y regresaron con más pan, bastante pan, y mucho jugo! ¡Esa noche celebramos la Cena del Señor dos veces! Volvimos a comer y dimos nuevamente gracias a Dios. ¡Esta vez Daniel participó con mucho ánimo y tuvo mucho de que agradecer y compartir!

Hermanos, pronto estarán enseñando sobre la Cena del Señor y participando de ella con los nacidos-de-nuevo. Les animamos a que busquen formas que realmente funcionen para celebrar la nueva fiesta de la Pascua, la Cena del Señor. Busquen la manera de animar a todos a participar. Cuando decimos “todos a participar”, no estamos hablando de que solo coma y beba de ella, sino que cada uno tenga la oportunidad de compartir con los demás, de arreglar cualquier asunto pendiente que tenga con algún hermano y que recuerden juntos la historia de Dios, que recuerden lo que hizo Jesús por nosotros, y de animarnos los unos a los otros en cuanto a Su venida.

Recomendaciones en cuanto a la Cena del Señor

En las primeras lecciones de la Etapa 3 repasaremos el tema de la Cena del Señor. Será necesario explicar en detalle varios aspectos sobre lo que es y lo que no es la Cena.

Les recomendamos no imitar ciertas formas de la Cena del Señor, solamente porque parezcan “formas aceptables”, populares, o porque algunas iglesias “lo hayan aceptado”. Busquen darle plena libertad a la función que sea conforme a la Palabra, sin dejarse llevar por criterios religiosos. Si no tuvieran orientación previa, de alguna institución o iglesia, y tuvieran que organizar la Cena del Señor basándose exclusivamente en lo que dice la Biblia, ¿Cómo organizarían esa celebración y comida?

Hermanos, reúnanse con sus equipos e iglesias y hablen sobre este tema. Cuando sus equipos hayan hecho a un lado la religiosidad de esta celebración, ¡entonces celebrarán lo que es realmente una Cena del Señor! ¡Así su ministerio con el nuevo grupo de creyentes tendrá fundamentos firmes y mucho sentido! ¡El discipulado que sigue en desarrollo será edificante y distinto! Las próximas lecciones de las Etapas 2 y 3 proveerán un contexto en el cual su equipo podrá aplicar y practicar los principios bíblicos dinámicos y vivos.

Estos dos distintivos que revisamos, el bautismo y la Cena del Señor, nos sirven de ejemplo para ver cómo las tradiciones religiosas pueden presentar amenazas fundamentales en el andar del discipulado. Esperamos que la consideración de estos ejemplos nos ayude a discernir otras áreas que igualmente pueden perjudicar a los nuevos creyentes.

REFLEXIÓN #10 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

Todavía no he conocido a nadie que no admita que la “FORMA”, o sea, la manera en que se “celebra” hoy la Cena del Señor se ha desviado muchísimo de cómo se celebraba en las iglesias primitivas. No solo ha cambiado drásticamente la FORMA de participar en ella, sino que también se ha alejado muy, muy, muy lejos del enfoque que Dios mismo estableció para ello; llegando incluso, en muchos casos, a eliminar por completo la FUNCIÓN y el propósito intencional de Dios para este acto.

Hoy en día, en muchas iglesias que siguen una forma religiosa-tradicional, la “celebración de la Cena del Señor” está muy lejos de ser una verdadera “celebración”; y en cuanto a la parte de la “cena”, ni siquiera una paloma la consideraría como tal.

Hoy dedicaremos un tiempo a dos preguntas importantes:
primera, ¿Qué pasó con la Cena del Señor?, y segunda, ¿qué significa exactamente ese texto, frecuentemente malinterpretado y mal utilizado, que habla de “El que come o bebe de manera indigna”?

¡Que la verdadera Palabra de Dios, así como sus buenos diseños y propósitos, nos renueven hoy y nos llenen de gran ánimo!

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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes –ETAPAS 2 y 3, páginas 47-50)

¿Qué pasó con la Cena del Señor?

Ahora, aquí estamos 2000 años después. Conocemos el relato bíblico tanto la historia de la Pascua del Antiguo Testamento como la del Nuevo. Entendemos, además el significado y el propósito de la Cena del Señor. No obstante, tal vez pareciera que nos hemos alejado un poco de la función y del propósito originales de la Cena. ¿Qué pasó y qué se puede hacer?

Hay varios pensamientos en cuanto a los detalles de cómo y por qué la iglesia, en gran parte, perdió esa celebración de gozo. Algunas evidencias apuntan a que los cambios empezaron aproximadamente 200 años después de Cristo. Poco a poco la idea de separar el significado de “el pan y la copa” empezó a tomar forma. Eso dio lugar a que la Cena se convirtiera en un ritual misterioso y “sagrado”. Por supuesto, se espera que un ritual sagrado deba oficiarse por un individuo que, supuestamente, es “sagrado”. Así, en algunas “iglesias”, las formas religiosas eliminaron la función y propósito de Dios y convirtieron la Cena en una exhibición mística, de asombro, mágica y poderosa, centrada en el sacerdote.

No habían pasado ni mil años y “la Cena del Señor”, para muchos, ya no era más que un rito religioso. La iglesia romana institucional puso el ritual como una piedra angular de la misa en la cual el sacerdote, por un poder sobrenatural, (llamado el dogma de la transubstanciación), convierte el pan y el vino en el mismo cuerpo real y físico de Cristo. El enfoque intencional de Dios, la celebración de gratitud y el significado de la Cena del Señor se perdió, y entonces “la Cena” se convirtió en una ceremonia muerta.

¿Podría una congregación tradicional volver a realmente celebrar la Cena del Señor? ¿Podría esta quitarle lo místico y regresar a la debida función de la Cena del Señor? ¿Podemos nosotros, junto con nuestros equipos e iglesias, conducir a los nacidos-de-nuevo en esta función viva y eficaz? ¡Por supuesto que sí! Quizás algunos de ustedes experimentarán oposición por parte de los que representan a las iglesias tradicionales- religiosas. Ellos darán un sinfín de explicaciones del por qué es mejor seguir el camino establecido por los hombres y que las tradiciones religiosas nos aseguran que la Cena se tome “seriamente” y de manera “digna”. Dirán que solo un hombre debidamente preparado y autorizado eclesiásticamente debe oficiar la Cena, porque eso garantiza que se llevará a cabo “correctamente”. Quizás estos argumentos suenan bien. El único problema es que son ajenos a todo lo que encontramos en la Biblia.

El que come o bebe de manera indigna

Es importante que cada uno de nosotros, que estamos involucrados en el discipulado, tenga claridad en cuanto a cierta orientación religiosa que ha sido manipulada con frecuencia para mantener las formas tradicionales. En sus grupos, algunos de ustedes tendrán nacidos-de- nuevo quienes tienen secuelas por haber sido influenciados por experiencias y orientación pasadas en cuanto a este punto. Tendrán que realizar una “desenseñanza” antes de seguir con la enseñanza correcta y verdadera sobre la Cena del Señor.

Este tema se desprende de un texto tomado de 1 Corintios 11. En este capítulo, nuestro hermano Pablo está reprendiendo fuertemente a los corintios diciéndoles que la cena que pretendían celebrar no tenía nada que ver con la verdadera Cena del Señor.

El versículo que ha dejado a muchas personas perturbadas es el versículo 27, la advertencia de que uno peca contra el cuerpo y la sangre del Señor si come del pan o bebe de la copa de manera indigna. Pero, ¿Qué es comer y beber de manera indigna? La respuesta se encuentra en el mismo contexto. Para entenderlo podemos iniciar leyendo desde el versículo 17, hasta el 34 del mismo capítulo 11.

El problema de los corintios era que cuando se reunían para celebrar la Cena del Señor, la iglesia estaba dividida. Los que llevaban bastante comida se adelantaban. Comían y bebían sin tomar en cuenta a los miembros que no tenían. En la misma reunión, unos comían en exceso, mientras que otros se quedaban con hambre.

Tomemos un momento para verlo desde el punto de vista celestial. Jesús lo dio todo por todos, con el fin de unirnos en un solo cuerpo, en un mismo amor, espíritu y propósito, cada miembro compartiendo con los demás, buscando edificar y bendecir a los demás miembros. Cuando lo vemos así, como también lo veía Pablo, podemos entender mejor sus palabras: “¿Por qué menosprecian la iglesia de Dios y ponen en vergüenza a los que no tienen nada?” (1 Corintios 11:22).

Si estamos centrados en el discipulado funcional, todo esto tendrá mucho sentido. Veremos a continuación que las formas y prácticas religiosas regularmente acaban con la función de acuerdo al propósito de Dios. Las congregaciones religiosas no pueden entender de qué está hablando Pablo, porque no se reúnen con el propósito de celebrar la Cena del Señor sino más bien para llevar a cabo una ceremonia. Están tan impuestas a la forma de la Cena como a un ritual solemne, silencioso e individual que esta reprensión de Pablo parece no tener sentido.

La Cena del Señor debe ser un tiempo de participación y comunión familiar y congregacional. Es un tiempo en el que la congregación puede recordar con gratitud el significado del sacrificio de Jesús. Por un lado, podemos pensar en lo que hizo Jesucristo por nuestra salvación, y por otro lado, podemos meditar en cómo nos hizo una familia. La Cena sirve para manifestar nuestra unidad como un solo cuerpo en Cristo (1 Corintios 10:16-17). El recordar lo que hizo Jesús por nosotros debe renovar nuestra gratitud personal y a la vez refrescar nuestra unidad con los demás hermanos.


Comer o beber de “manera indigna” quiere decir “celebrar la Cena del Señor” como lo estaban haciendo los corintios. Algunos de los corintios asistieron a la Cena con una actitud de superioridad, arrogancia y egoísmo. Su enfoque no se centraba en lo que hizo Jesús por ellos, ni en la unidad con los demás del cuerpo. Los que llegaban primero se adelantaban a los demás. Los que tenían bastante ignoraban a los que tenían menos. Algunos tomaban hasta emborracharse. Había divisiones y discordia entre hermanos. Nuestro hermano Pablo les dijo que la “Cena del Señor” que supuestamente estaban celebrando no era realmente la Cena del Señor. Habían abandonado el enfoque, el significado, el propósito y la función de la Cena.

Por esta razón, Pablo les dijo que cada uno debía examinar su propia conciencia antes de comer del pan y beber de la copa. Uno debe examinar su actitud y corregirla. ¿Hay alguna raíz de amargura, de egoísmo, de arrogancia, o de superioridad en nuestras vidas? Estas condiciones imposibilitan una actitud de gratitud, de humildad y de comunión. El propósito de la exhortación de Pablo a “examinarse” no tiene nada que ver con ser o no “digno”, ni si alguien debe participar o no de la Cena. ¿Quién es “digno” en sí mismo? ¡Jamás seremos dignos! ¡Participamos de la Cena no porque seamos dignos, sino porque Cristo y Su obra lo son! Debemos recordar a Jesús, reconocerlo, agradecerle y participar de Su Cena, porque Él es digno. Las formas que practicamos deben facilitar esta digna función.

REFLEXIÓN #9 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

¡Que Dios te bendiga hoy mientras profundizamos juntos en algunas perspectivas históricas importantes extraídas de la Pascua en Egipto, ocurrida unos 1500 años antes de que Jesús apareciera en escena como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Esto nos brindará perspectivas fundamentales sobre el diseño de Dios y Su propósito de ser “el punto céntrico” en todas las cosas, incluido, aunque no limitado a aquello que el Pueblo de Dios debe celebrar con gran gratitud y alabanza: la Cena del Señor.

Confiamos en que se sentirán animados, renovados e inspirados al continuar reflexionando sobre las diversas facetas y perspectivas relacionadas con este acto, así como sobre un propósito importantísimo de no permitirnos jamás alejarnos de recordar, de manera activa, diaria y viva, lo que Jesucristo ha hecho a nuestro favor.

En el momento en que nos desviamos de este punto central — una vida vivida con gratitud ante Dios con un corazón humilde, la cancerosa religiosidad intentará intervenir para eliminar la buena FUNCIÓN que Dios nos dejó para este acto, dejándonos solo con FORMAS muertas — apariencias de piedad, pero negando el poder de la misma.

¡¡¡Bendiciones para ustedes hoy!!!

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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 45-47)

La Pascua y la Cena del Señor

En la enseñanza de la Etapa 1 de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes, la historia de la Pascua detallada en Éxodo capítulo 12. El juicio de Dios pasaría sobre Egipto dictando sentencia contra sus dioses. Pero, Dios proveería Su salvación al pueblo de Israel por medio del sacrificio de un inocente. La sangre del cordero aplicada por fe en los marcos de las puertas, sería la señal de que estaban confiando en el Libertador. Dios les dijo que, al ver la sangre, el juicio pasaría de largo.

¡Sin duda sus alumnos se acordarán de esta destacada historia! Entre varios puntos enfatizados, se enseñó que con la Pascua, Dios estaba estableciendo un fundamento eterno. Dios les dijo a los israelitas que deberían seguir recordando ese día con una gran fiesta en honor del Señor. Les dijo que deberían celebrarlo como una ley permanente y eterna. El relato en Éxodo 12 se refería no solo a esa Pascua en Egipto que cubrió o protegió al pueblo de Israel con la misericordia de Dios. También estaba refiriéndose a la Pascua venidera del Cordero Perfecto que quitaría el pecado del mundo con Su liberación eterna.

Ahora, adelantamos la historia al Nuevo Testamento, aproximadamente 1.500 años después, a aquella noche culminante, cuando Jesús entró en Jerusalén para compartir una última cena de Pascua con Sus discípulos. Allí estaba Jesús, colocando las últimas piezas del gran cuadro de la historia redentora. Así mismo, Jesús estaba preparando a Sus discípulos para lo que pronto surgiría con el nacimiento de la iglesia. Tiempo después, los discípulos recordarían todo lo que había pasado, las palabras de Jesús, y celebrarían en la Cena el significado y los propósitos de las Escrituras cumplidas en Jesucristo.

En ese momento los discípulos todavía no entendían todo con claridad. Sin embargo, en unas cuantas horas serían testigos de la culminación de la Pascua eterna. Entenderían a lo que apuntaba el significado de las Escrituras tal como Jesús se lo había explicado a Nicodemo (Juan 3:14-15). Esta Pascua sería diferente. Esta Pascua sería la Pascua de la transformación. Aunque los discípulos estaban todavía mirando hacia atrás a la Pascua histórica pasada, Jesús estaba profundamente conmovido, mirando hacia la nueva Pascua, la cruz y, hacia la culminación de la historia de la salvación. Jesús era el Cordero Pascual eterno. La Pascua era Él mismo.

Sus palabras resuenan por los pasillos de la historia. Los discípulos estaban sentados a la mesa con Jesús. Él se quedó mirándolos a los ojos. Había llegado la hora. Jesús les dijo: “¡Cuánto he querido celebrar con ustedes esta cena de Pascua antes de mi muerte!” (Lucas 22:14-15). Luego, mientras comían, Jesús tomó en Sus manos el pan y una copa. Les habló sobre lo que pronto le sucedería, del nuevo pacto, y luego les dijo: “Hagan esto en memoria de mí”.

Sigue la historia que conocemos y que ustedes enseñaron a sus alumnos – la crucifixión de Jesús, Su muerte y sepultura, Su resurrección y luego Su ascensión. Pronto llegaremos a la enseñanza del libro de los Hechos donde veremos la dinámica de los nacidos-de-nuevo y cómo siguieron reuniéndose a la “mesa de gratitud” comiendo juntos, dando gracias a Dios, y celebrando lo que llamamos la Cena del Señor.

No hay ningún texto bíblico que nos indique con qué frecuencia debemos participar de la Cena. Al parecer, la iglesia primitiva era impulsada a participar de manera habitual por iniciativa propia, por un deseo y espíritu de gratitud. En el libro de los Hechos los discípulos seguían reuniéndose, y seguían firmes en la enseñanza de las Escrituras, orando juntos, compartiendo juntos y comiendo juntos. Aparentemente la gratitud de la iglesia primitiva la impulsaba a celebrar la “Cena del Señor” de manera regular.

REFLEXIÓN #8 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

En nuestra REFLEXIÓN más reciente, concluimos nuestra revisión de perspectivas clave sobre la identidad del creyente y el testimonio que representa el acto del bautismo. Hoy pasamos al segundo tema de esta serie: la Cena del Señor.

Nuestra oración por cada lector es que esta y las próximas REFLEXIONES sobre la Cena del Señor aporten una visión, un propósito, una vida y un sentido renovados, y que al mismo tiempo, despierten en cada uno de nosotros una nueva y profunda gratitud hacia Dios por todo lo que Él es y todo lo que ha hecho.

Muchos experimentarán una renovación de mente, alma y espíritu al reunirnos alrededor de la mesa como cuerpo de Cristo, centrados en Él, a Su manera, para compartir, dar gracias, alabar y hacer todo esto y más ¡EN MEMORIA DE ÉL! ¡Ánimo! ¡Que Dios te bendiga hoy!


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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes –ETAPAS 2 y 3, páginas 44-45)


#2 – La Cena del Señor
El significado de la Cena del Señor

El segundo tema que sirve como ejemplo de los distintivos religiosos que han golpeado y ofendido la intención funcional de Cristo en y para Su iglesia se relaciona con la gratitud compartida al recordar lo que hizo Dios para traernos la salvación – la Cena del Señor.

Desde el principio, en nuestras congregaciones, hemos tratado de enfocarnos en el propósito, o sea, la función y el objetivo del Señor para lo que llamamos la Cena del Señor. Un tiempo de convivencia, pensando con alegría en lo que nuestro Dios ha hecho por nosotros, dándole las gracias por Su ofrenda a favor de nosotros. El pan que es un recordatorio simbólico del sacrificio de Su cuerpo, y el jugo que nos recuerda Su sangre derramada por nosotros. Así debe ser, hermanos, cada vez que se celebra la Cena del Señor, debe ser una celebración de agradecimiento.

Hemos observado cómo las tradiciones religiosas han corrompido el significado, propósito y enfoque de la Cena. Aun en algunas iglesias cristianas donde hay una buena orientación bíblica, algunos no han podido escapar de las telarañas de lo misterioso, de lo rígido, de lo seco y de las formas religiosas muertas.

Para los discípulos de la iglesia primitiva, la Cena del Señor implicaba la participación familiar, comida, convivencia, “fiesta de amor fraternal”, ánimo y alegría. El concepto de reunirse como iglesia en el que algún hombre “religioso” organizara unos pedacitos de pan, que no serían suficientes ni para que comiera un pajarillo, y unas cuantas gotas de jugo, para “celebrar la Cena del Señor”, era desconocido. Una supuesta “celebración” en la que todos se quedaran callados, serios, rígidos, secos y esperando a que el “hombre de Dios” (un padrecito o pastor) pronunciara unas palabras espirituales apropiadas, para luego echar a cada quien su galletita en la boca, habría sido absurda y una burla. Sin embargo, hoy en día, esta es la situación de muchas iglesias, dicen “celebrar la Cena del Señor” que ni es celebración, ni es cena.

¿De dónde salieron esas formas que han drenado tanto el gozo, el propósito y hasta la idea de lo que es la Cena, el compartir y la fiesta que una vez celebraban las iglesias? En primer lugar, sería bueno mencionar que para los judíos, la Pascua sigue siendo una fiesta de celebración, recordando la liberación de su pueblo de la esclavitud en Egipto.

Esta historia es fundamental para nosotros también, ya que el ministerio de Jesús trajo un nuevo significado a la Pascua. Jesús se entregó como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el Cordero perfecto de la Pascua (Mateo 26, Lucas 22).

REFLEXIÓN #7 de esta serie:La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

En la reflexión de hoy, concluimos nuestro breve análisis enfocado en el significado, los propósitos y las convicciones relacionados con nuestra identidad en Jesús a través del bautismo. Dicho esto, no perderemos de vista el enfoque de nuestra identidad y vida centradas en Cristo al dirigir nuestras atenciones al tema de la Cena del Señor.

La meditación de hoy servirá para vincular estas dos celebraciones fundamentales mediante hilos comunes de gratitud, celebración, renovación, alabanza y un espíritu de humildad ante el Dios Todopoderoso, Señor y Salvador.

La próxima semana comenzaremos a profundizar en algunos aspectos donde, debido a las influencias religiosas, las intenciones, los propósitos y enfoques de Dios respecto a la Cena del Señor se han diluido y, en muchos casos se han perdido por completo. También consideraremos cómo revitalizar la vida, el significado y el propósito divino de este momento tan importante que compartimos dentro del Cuerpo de Cristo.

¡Que Dios te bendiga profundamente mientras continúa reflexionando sobre los propósitos, el diseño y la Palabra de Dios en relación con estos y otros temas que estamos explorando! ¡Eres profundamente respetado, apreciado, valorado y estimado! ¡Ánimo y adelante!

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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 42-44)

La relación entre la pascua, el Mar Rojo, el bautismo y la Cena del Señor


Por causa de su fe, y el sacrificio y la sangre de un cordero inocente, el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto. Cuando llegaron al Mar Rojo tuvieron que aprender que para seguir adelante, tendrían que seguir en la misma fe y gracia del Dios que los sacó de Egipto.


Su vida en la esclavitud fue “sepultada” en el Mar Rojo (junto con los capataces que los habían dominado y perseguido), y el pueblo fue “resucitado” a una nueva vida al otro lado. Dios sería su provisión en todo el camino desde la liberación de la esclavitud hasta la tierra prometida. No volverían a la esclavitud en Egipto. Tampoco volverían a ser “bautizados”.

Sin embargo, sí volverían a recordar y celebrar la Pascua que fue el instrumento de Dios para su liberación.

Por medio de nuestro bautismo, proclamamos nuestra plena confianza en que nuestra situación como pecadores separados de Dios se resolvió cuando Jesús fue crucificado, sepultado, y resucitado (sepultura y resurrección, el simbolismo del bautismo). Hemos sido identificados en Él y en lo que hizo por nosotros. Ahora que somos Sus hijos y formamos parte de Su cuerpo, tenemos un lugar en la inmensa, gloriosa y majestuosa “mesa de gratitud”.

En esta celebración, los tres elementos del Evangelio se convierten en eterna alabanza de gratitud. Es en la mesa donde alabamos a Dios abiertamente, donde le agradecemos, donde nos quedamos conmovidos, asombrados, admirados y sobrecogidos al recordar Su inmenso amor, sacrificio y plan de salvación por nosotros. Se llama la celebración de la Cena del Señor, el Señor de la Pascua eterna. Es a este memorial al que cada uno de nosotros debe volver seguido, junto con los demás hermanos en la fe, para recordar lo que Él hizo por nosotros; como dijo Jesús: “Hagan esto en memoria de mí”.

Las lágrimas me impiden seguir escribiendo. Me quedo pensando en la grandeza de Dios, en cada pieza de Su inmenso rompecabezas, incluidos en la Pascua, y en nuestra identidad en Él, y el gran privilegio que es tener un lugarcito en esa mesa de gratitud. ¡Qué bendición tan tremenda, inmensa, grandiosa e inexplicable!

El bautismo es un importante punto inicial de testimonio. El nacido-de-nuevo se identifica en el Todopoderoso una sola vez por medio del bautismo. Sin embargo, seguimos identificándonos con lo que Jesucristo hizo por nosotros de manera regular a través de la Cena del Señor.

La Cena del Señor se celebra como familia (congregación). El tiempo en el que celebramos la Cena del Señor es importante para cada uno de forma individual, pero es igualmente importante que se celebre en comunión con los demás, recordando cada uno la obra salvadora de Jesús en la cruz.

Ahora (para este próximo viernes) revisaremos algunos conceptos respecto a la Cena del Señor y la relación que tienen con los nuevos discípulos que ustedes están enseñando.

REFLEXIÓN #6 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

En esta sexta reflexión, abordaremos varios retos que su grupo de nacidos-de-nuevo podría enfrentar en relación con el tema del bautismo; algunas ideas u orientaciones provenientes de experiencias pasadas o participaciones con determinados grupos religiosos. También ofreceremos algunas sugerencias y perspectivas sobre el bautismo y su relación con el discipulado.

¡Que Dios les dé guía y sabiduría al aplicar estos principios bíblicos en su excelente trabajo de ser de bendición eterna para los demás! Que Dios los bendiga, queridos amigos y hermanos, dondequiera que estén: ¡ÁNIMO!!!

==========================================================================(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 39-42)

El significado y el propósito del testimonio
Hay grupos religiosos que confunden profundamente a la gente a través de varias contradicciones. Por un lado, les enseñan que la salvación se adquiere exclusivamente por medio de la fe, mientras que, por el otro lado, les enseñan que tienen que ser bautizados para que sus pecados les sean verdaderamente perdonados. Sus miembros piensan que, aunque uno ponga toda su confianza en el Señor, no es verdaderamente salvo, sino hasta que la persona sea bautizada. Hemos visitado algunos pueblos donde creen que cuando alguien está siendo bautizado en el río, nadie debe estar en la corriente río abajo. Creen que el agua está llevándose los pecados de la persona que se está bautizando y si alguien está en el agua río abajo, podría contaminarse.

El significado y el propósito del bautismo es simplemente dar testimonio de la decisión que uno ha tomado de confiar en Jesús e identificarse con Él en Su muerte, sepultura y resurrección.

Hay dos identificaciones formales establecidas para el creyente – el bautismo, y la participación de la Cena del Señor. Ambas deben ser dinámicas, llenas de sentido y repletas de agradecimiento. Ambas tienen una función muy importante. En sus iglesias y equipos de enseñanza, deben analizar con sabiduría cuáles son las mejores formas para facilitar estas funciones importantes.

El bautismo es un testimonio de la fe del individuo. Somos bautizados una sola vez y esto sirve como testimonio inicial de que hemos muerto a la esclavitud de la vida pasada y ahora nos identificamos con Jesús, resucitados a la vida nueva.

Retos con que pueden estar luchando sus alumnos
Hermanos, aunque ustedes han enseñado a sus grupos con todo cuidado desde el principio, y sus alumnos han entendido el significado del Mensaje de Dios para sus vidas, es posible que algunos de los nacidos-de-nuevo tengan un choque en este punto. Si el individuo ha sido adoctrinado previamente en alguna orientación religiosa, puede sentirse incómodo al descubrir que lo que creía por muchos años realmente no tiene base bíblica. Por ejemplo, si alguno pregunta si su bautismo como infante o su bautismo en una “iglesia religiosa” no “sirvió”, ustedes, los maestros, no deben discutir sobre si su bautismo le “sirvió” o no. La cuestión realmente es otra. Deben buscar la manera de ayudar al nuevo creyente a entender la función, el objetivo y el propósito del bautismo, no si su bautismo “sirvió” o no.


Algunos de los que han salido de algún trasfondo religioso, y que ahora son nacidos- de-nuevo, pueden cargar y luchar por algún tiempo con ciertas ideas legalistas en cuanto a si una u otra cosa “está bien” o no. Hay que ser pacientes con ellos y ayudarles a entender que lo bueno y correcto está relacionado con la función y el propósito del Espíritu Santo y la Palabra de Dios en sus vidas, no tanto con la forma de cómo hicieron cualquier cosa antes.

Sería provechoso para el individuo que se encuentra en esta situación, preguntarle si cuando lo bautizaron como infante o, cuando lo bautizaron en su antigua religión, si su bautismo tuvo como propósito dar testimonio de su convicción, de su fe e identificación personal con Jesús. Si contesta con inseguridad, probablemente su “bautismo” no fue más que un baño sin jabón. Si este nacido-de-nuevo ahora está firme en su fe y entiende el significado de la Palabra, entonces también podrá entender que el bautismo que realmente “sirve” es el que cumple con la función de dar testimonio de su identificación como seguidor de Dios.

Unas sugerencias sobre los bautismos
Les recomendamos que no impongan al nuevo discípulo de Jesucristo tantas condiciones externas cuando este quiera bautizarse, ni más condiciones para que pueda participar de la Cena del Señor. No es correcto ponerle cargas a aquel que tiene el derecho y privilegio como hijo de Dios participar y dar testimonio.

Es bueno instruir y orientar al hombre sobre sus valores y convicciones, más no conviene tratar de transformar el carácter del hombre imponiéndole reglas, legalismos y formas externas. El resultado de una obra religiosa-legalista externa será una vida como la de los fariseos y una espiritualidad ficticia. Lo que se impone externamente solo afecta la forma o apariencia externa, pero no transforma el fundamento del individuo. Lo que surge de los valores, las convicciones y la obra del Espíritu Santo internamente, dará fruto genuino también externamente.

Quizás ustedes los maestros, o algunos de sus alumnos, han sabido de iglesias que imponen un tiempo “de prueba”, “para ver” si el nuevo discípulo en realidad está firme o seguro en cuanto a su fe, antes de bautizarlo. Eso no tiene ningún respaldo bíblico. ¡La “prueba de tiempo” a su seriedad, se verá a lo largo de su vida cristiana después de su bautismo! Les sugerimos no imponer condiciones, tiempos de prueba u otros requisitos a quienes quieren bautizarse, además de entender el significado y propósito del bautismo.

Lo que nos sigue dando dirección es enfocarnos en que nosotros mismos seamos verdaderos discípulos y que tomemos muy en serio el discipulado. Mateo 28:19 lo pone claro: “Vayan, pues a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas (identificándoles en su relación con el Todo-Poderoso) en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

El discipulado, relacionado al bautismo
Nosotros y nuestras iglesias debemos enfocarnos en el discipulado. El discipulado incluye el identificar (bautizar) a los nuevos discípulos como también enseñarles todo el consejo de Dios. Así, ellos también saldrán a hacer lo mismo, alcanzando a los perdidos, reproduciendo y multiplicando el discipulado.

Tomando en cuenta que esta es la naturaleza del discipulado, les recomendamos mucho que los que hayan participado llevando a cualquier persona a conocer al Señor, sean ellos mismos quienes la bauticen. Aunque no hay necesidad de tener a alguien “especial” que oficie el bautismo, es conveniente, sabio y correcto contar con la afirmación y participación presencial de los dirigentes de su congregación. En todo caso, el enfoque del bautismo debe ser el testimonio de identificación del nuevo discípulo. De ninguna manera, el énfasis del bautismo debe ser en la persona o personas que lo bautizan.


Hay pastores que buscan bautizar a la gente como si estuvieran buscando acumular trofeos. Hasta hay algunos que mantienen registros de la cantidad que han bautizado. Esto viene a raíz de la forma religiosa egoísta y muerta. Pablo reprendió a los corintios precisamente por estos criterios egoístas. Aunque Pablo había fundado la iglesia de Corinto, no bautizó a muchos de ellos. ¡Ni siquiera podía recordar muy bien a quiénes había bautizado! Por favor, tomen un minuto y lean 1 Corintios 1:10- 17. Gracias a Dios por la función del ministerio de nuestro hermano Pablo y también, por la forma que adoptó, con la cual nos dejó un buen ejemplo y testimonio. Las formas y función que nos muestra Pablo en su ministerio nos pueden ayudar a seguir en el camino derecho y en el camino del discipulado.


El tiempo que invertiremos en la enseñanza de la Etapa 2 es breve y conciso. Aunque no abordamos el tema del bautismo en la Etapa 2, los preceptos de identificación en la Etapa 2 tienen íntimos enlaces con lo que viene en la Etapa 3, donde trataremos con esta cuestión. Nuestra recomendación respecto a CUÁNDO contemplar las oportunidades para los bautismos de los nacidos-de-nuevo es esperar hasta llegar al contexto natural del tema en el desarrollo del relato bíblico. Creemos que así los involucrados tendrán mucho mayor entendimiento, y el tema tendrá mayor significado, relación, y sentido. Esta porción de la introducción en el manual donde estamos tratando con la cuestión del bautismo les puede ser útil más adelante al llegar a la Etapa 3 en el libro de los Hechos. Pueden usar estas notas como referencia en sus explicaciones sobre el tema con sus alumnos.

REFLEXIÓN #5 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

Esta es nuestra quinta reflexión relacionada con la necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor. ¡Esta semana seguimos contemplando unos puntos básicos sobre la identidad del nacido-de-nuevo en Jesucristo y cómo esta se manifiesta a través del bautismo a la manera de Dios!

Querido y muy estimado amigo y hermano, dondequiera que te encuentres: — ¡Ánimo y adelante!!!

==========================================================================(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 36-39)

Unos puntos básicos sobre el bautismo
Hay tantas ideas y costumbres sobre lo que es el bautismo y formas sobre cómo se debe realizar. Hay grupos que creen que para ser salvo, obligatoriamente, uno tiene que ser bautizado. Algunas iglesias obligan a los hermanos que se han mudado de otro lugar, aun cuando han sido seguidores de Jesucristo por muchos años, a que se bauticen de nuevo antes de aceptarlos como parte de la congregación. Otras iglesias le dan mucha importancia y énfasis a los detalles de la forma: el lugar, el ambiente, la vestimenta especial, cursos sobre el bautismo, preguntas y respuestas en preparación para una ceremonia que solo su pastor puede oficiar.

Algunos grupos suponen que la salvación depende del bautismo. Algunos de estos grupos insisten en una “fórmula exclusiva” para ser salvo por medio del bautismo. Estas congregaciones se apoyan, principalmente, en un texto tomado de Hechos capítulo 2. Actualmente hay dos ideas erróneas sacadas de este versículo. Si nos fijamos en el contexto en el que se encuentra este versículo, comprenderemos claramente qué fue lo que ocurrió y por qué. El texto que usan para afirmar esa doctrina es Hechos 2:38 que dice: “Pedro les contestó: ‘Vuélvanse a Dios y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo, para que Dios les perdone sus pecados, y así él les dará el Espíritu Santo’ ”.


Las dos ideas erróneas son estas: la primera, dicen que uno debe bautizarse para que Dios le perdone sus pecados. La segunda, dicen que la única forma correcta de bautizarse es solamente en el nombre de Jesucristo. En su estudio personal, deberían revisar todas las otras citas que mencionan el bautismo, principalmente en el libro de los Hechos, y así obtener información más clara sobre lo que es y lo que no es el bautismo. La mayoría de ustedes podrán resolver estos asuntos en el contexto de este mismo capítulo sin necesidad de hacer un estudio más profundo.

Identificación y arrepentimiento
Dios hizo algo tan extraordinario que dejó a todos asombrados y sin saber qué pensar. La mayoría de los que estaban presentes en Jerusalén habían viajado desde pueblos muy lejanos para participar en la Pascua y en las fiestas que seguían la Pascua, incluyendo la fiesta de Pentecostés.

Hechos 2 nos habla de este milagro que atrajo a una gran multitud, gente de diferentes idiomas y de pueblos distantes. Estaban admirados de cómo todos oían hablar de las maravillas de Dios en sus propios idiomas. Era algo asombroso y muchos fueron a ver qué estaba pasando. Los que anunciaban las maravillas de Dios eran de Galilea y hablaban en idiomas que jamás habían
aprendido.

Unos quedaron asombrados preguntándose qué significaba todo eso. Otros empezaron a burlarse diciendo que los discípulos de Jesús estaban borrachos. Luego Pedro se puso de pie y empezó a dar una explicación.

¿A quiénes se estaba dirigiendo Pedro? Pues, estaba hablando a gente religiosa, judíos religiosos de todas partes, gente que conocía las Escrituras (nuestro Antiguo Testamento), y que creía totalmente en Dios y en el Espíritu de Dios. Sin embargo, esas
personas presentes no habían creído en Jesús. Además, habían sido espectadores y estuvieron a favor de la crucifixión de Jesús. Pedro recurre a las Escrituras, las palabras de los profetas y la historia que encontramos en el Antiguo Testamento. Luego les muestra que Jesús era precisamente Aquel a quien anunciaban estas Escrituras.

Alrededor de 3.000 personas empezaron a ver y a entender las Escrituras como nunca antes. Ya estaban plenamente identificados con el Dios y Espíritu de las Escrituras (por eso habían ido a Jerusalén en esas fechas), pero cuando vino Jesús, lo rechazaron. Cuando se dieron cuenta de que Jesús era el Señor y Mesías y que ellos habían tenido parte en Su muerte, se afligieron profundamente, y preguntaron: “Hermanos (de raza), ¿Qué debemos hacer?” Pedro les da la respuesta acorde a la situación, el contexto y la dinámica de aquel día. Eso lo vemos en Hechos 2:38.

Entendiendo el propósito del bautismo
En el contexto de todo lo que había
pasado (tomen el tiempo para leer de
corrido los capítulos 1 y 2 de Hechos),
es completamente razonable y
entendible lo que dijo Pedro. Él les está
diciendo – ustedes son personas
religiosas buscando al Mesías, pero este
Jesús es el Mesías que buscan. Sin
embargo, ustedes lo rechazaron y lo
asesinaron. Por eso dijo Pedro:
“Vuélvanse a Dios”. ¿Entonces qué
faltaba? Pues, que se identificaran con
este mismo Jesús que habían
rechazado, e identificarse directa y
personalmente con Él. Entonces Pedro dice: “bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo”, reconociendo así que Jesús es el que vino a perdonar sus pecados.

Pedro no les está dando una fórmula para la salvación. No les está diciendo que necesitan bautizarse de manera especial y pronunciar solamente el nombre de Jesucristo. Pedro les está ayudando a entender el significado y propósito de las Escrituras. Les está ayudando a entender que habían rechazado la única solución de Dios para ellos, la persona de Jesús. Les dijo que ahora debían identificarse con este Jesús y, aunque lo habían asesinado, Él les perdonaría sus pecados.

¿Cuál fue el resultado de este entendimiento en aquellos que hicieron caso al mensaje de Pedro? Se identificaron con Jesús públicamente por medio del bautismo. No solo eso, sino que también se unieron a los demás creyentes en la enseñanza, en la oración con los demás, compartiendo los unos con los otros y recordando la muerte y el sacrificio de este Jesús a favor de ellos (por medio de la “Cena del Señor”).

Se ve claramente que el propósito y función del bautismo es IDENTIFICACIÓN. La salvación no se recibe por la fórmula de fe más obras, incluyendo el bautismo. Entendemos todo este asunto, con más claridad, cuando lo estudiamos en su contexto bíblico e histórico en las siguientes etapas de la enseñanza. Nos sirve como un ejemplo más de la importancia de una enseñanza ordenada tanto en el evangelismo como en el discipulado. Evitamos mucha confusión cuando enseñamos desde el principio.

REFLEXIÓN #4 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

Esta es nuestra cuarta reflexión relacionada con la necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor. ¡Ahora seguiremos contemplando algunos aspectos de la identidad del nacido-de-nuevo en Jesucristo y cómo esta se manifiesta a través del bautismo a la manera de Dios!

¡Que Dios te anime hoy mientras continúas navegando y recorriendo el camino de esta vida con plena integridad y firmeza de carácter, tanto en tu vida personal como también en tu servicio, invirtiendo en los propósitos eternos del Todopoderoso! Tus esfuerzos son muy importantes y tienen consecuencias eternas. Eres profundamente
valorado y apreciado. ¡Ánimo!!!

==========================================================================(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes– ETAPAS 2 y 3, páginas 33-36)

El bautismo – testimonio
Desde el principio, hemos tenido la costumbre en nuestras congregaciones de llevar a cabo los bautismos en la calle, frente a las casas de los nuevos discípulos. De esta manera, sus conocidos, vecinos y otros del público pueden observar (¡Aunque a veces con mucha curiosidad!) lo que está pasando. Salvo en pocas excepciones, esta es la forma que hemos practicado. Esta forma facilita la función para que el creyente pueda dar testimonio público de su nueva vida, ante sus vecinos, amigos, ante los creyentes, así como ante los que no lo son. De esta manera, el individuo va uniendo sus “convicciones internas” con el “acto público externo”. Vamos a hablar un poco sobre lo que es y lo que no es el bautismo, empezando con el texto citado anteriormente, 1 Corintios 10:1-4.

El bautismo en la nube y en el mar – identificación. Nuestro hermano Pablo habla sobre algunas cosas que a simple vista, para algunos podrían parecer extrañas. Al hacer referencia a la historia de los israelitas, sobre un evento que había ocurrido casi 1.500 años antes de Cristo, nos dice que todos ellos quedaron unidos a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar. Luego habla de cómo tomaron agua de la roca espiritual que los acompañaba en su viaje, la cual era Cristo. Aquí Pablo menciona tres “identificaciones”, un bautismo en la nube, otro bautismo en el mar, y la provisión de Cristo quien los acompañaba dándoles pan del cielo y agua de la roca en su viaje, ¡suceso ocurrido casi 1.500 años antes del nacimiento de Jesucristo!

Obviamente, no estamos hablando del mismo bautismo en el Nuevo Testamento o en nuestras iglesias hoy en día, pues en este contexto, los israelitas se unieron a Moisés al ser bautizados (Moisés sirvió como símbolo o figura de Cristo). El texto dice que los israelitas quedaron unidos a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar.

Las preguntas que surgen son, ¿Qué es el bautismo en la nube? Y luego, ¿Por qué dice que fueron bautizados en el mar, si ninguno de los israelitas fue sumergido ni se mojó, al pasar por las aguas? Al considerar estas preguntas, podríamos confundirnos rápidamente, tratando de interpretar cuál es la forma correcta, cuál es la forma de bautizarnos en la nube y en el mar. Sin embargo, deberíamos enfocarnos únicamente en el hecho de que Dios estaba identificando a Su pueblo con el Libertador.

Lo importante no tiene nada que ver con esas cuestiones de las formas. Debemos tener cuidado de no pasar por alto el propósito, la función y el objetivo de estos temas y enredarnos en lo absurdo. En ningún momento se detuvieron los israelitas para organizar un comité de bautismos para discutir sobre las formas – cuántas clases de preparación se debían tomar antes de la ceremonia, dónde conseguir suficientes floreros para decorar, o por la preparación de batas especiales y apropiadas, o de los ensayos de las preguntas y respuestas que tendrán lugar antes de ser bautizados.

Lo importante se centra plenamente, en algo que, desafortunadamente, se ha perdido en muchos de los bautismos de hoy. Lo fundamental era su plena convicción, decisión e identificación con la guía de Dios (en la nube) y Su poderosa mano que los pasaba de la muerte a la vida nueva (pasando por el mar entre dos murallas de agua).

“Identificaciones” que nos sirven de ejemplo Pablo exhortó a los hermanos de Corinto, de la siguiente manera: “No quiero hermanos, que olviden que nuestros antepasados estuvieron todos bajo aquella nube, y que todos atravesaron el Mar Rojo”. Esto ocurrió al inicio del éxodo del pueblo de Israel. Habían dejado atrás su antigua vida, la vida de esclavitud y el dominio del opresor para seguir a Dios hacia la tierra prometida.

Hermanos, hay mucho por decir sobre la importancia de la función del bautismo, pero tengan cuidado. En el momento en que perdamos el testimonio, la guía de “la nube”, o sea, la dirección de Dios, el agradecimiento por el camino que Dios nos abrió para atravesar “el mar”, (la muerte), lo único que nos quedará es una forma muerta, un rito religioso, absurdo e inútil.

Les animamos a leer 1 Corintios capítulo 10. Inmediatamente se darán cuenta de que todos estos eventos sucedieron como ejemplo para nosotros. No fueron registrados con el fin de darnos ciertas formas sobre cómo hacer las cosas, sino para motivarnos a revisar los fundamentos de nuestras vidas, nuestros valores y nuestra dirección en esta vida. Estos enfoques serán esenciales para los nuevos creyentes en sus grupos quienes pronto estarán contemplando lo que en verdad es el bautismo que glorifica a Dios.

No tomaremos el tiempo, en este momento, para hacer un estudio exhaustivo sobre el bautismo, pero les queremos dejar unas pautas básicas para ayudarles, lo mejor posible, a estar preparados para esta parte de la enseñanza. Queremos apoyarles en el buen discipulado que están llevando a cabo y a evitar la infección cancerosa que viene con las formas muertas de la religiosidad.

REFLEXIÓN #3 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

En nuestras dos primeras REFLEXIONES consideramos varias perspectivas fundamentales importantes que tienen una relación directa con la verdadera vida cristiana en general y dos áreas importantes de identidad para el nacido de nuevo en particular.

Así que hoy, en esta tercera REFLEXIÓN profundizaremos en el primero de dos distintivos religiosos que necesitan ser tratados: ¡lo relacionado con el bautismo! Este tema, al igual que el segundo que trataremos, la Cena del Señor, ha sido profundamente corrompido por las tradiciones religiosas hasta el punto de que, en muchos casos, la función y los propósitos intencionales de Dios se han perdido casi por completo, dejando solo una forma, un ritual con muy poco sentido y vida, alejada del designio e intención divinos. ¡Dios tiene una gran bendición para nosotros en estas reflexiones! Así que, ánimo al considerar el desarrollo de estos temas.

Que estas breves REFLEXIONES les sirvan de edificación, bendición, ayuda y ánimo, tanto a nivel personal como en la buena obra que Dios les ha confiado. ¡ÁNIMO! ¡Dios los bendiga!

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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 31-33)

#1 – El Bautismo

El significado del bautismo – identificación

El primer punto se relaciona con la identidad del nacido-de-nuevo como individuo salvo y transformado – el bautismo.

Pablo escribió lo siguiente a los creyentes de Corinto: “No quiero hermanos, que olviden que nuestros antepasados estuvieron todos bajo aquella nube, y que todos atravesaron el Mar Rojo. De ese modo todos ellos quedaron unidos a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar. Igualmente, todos ellos comieron el mismo alimento espiritual y tomaron la misma bebida espiritual. Porque bebían agua de la roca espiritual que los acompañaba en su viaje, la cual era Cristo”. (1 Corintios 10:1-4).

El primer paso de cada nacido-de-nuevo que expresa gratitud a Dios y testimonio al mundo es la identificación del nuevo creyente en Cristo por medio del bautismo. El bautismo tiene una función muy importante en y por medio del creyente. La forma en que se practica el bautismo tiene un fuerte impacto en la vida de las personas. En muchas partes, proclaman la importancia de este primer “paso de testimonio” del nuevo discípulo. Sin embargo, por medio de las formas que practican; limitan y “encierran” el testimonio entre los que menos lo necesitan, la iglesia.

En tantos lugares se mantiene la costumbre de bautizar a los nuevos creyentes en el edificio de reunión de la iglesia, delante de los miembros de la congregación. Esta forma limita el testimonio del individuo y también sirve para limitar su perspectiva en cuanto a la importancia de su identidad en Cristo en este mundo.

Mucho se ha escrito sobre el tema del bautismo, pero muy poco para respaldar bíblicamente las prácticas que muchas iglesias tienen hoy en día. Estas prácticas y formas populares, pero no bíblicas, han dado lugar a mucha confusión que se pudo haber evitado si las congregaciones hubiesen seguido las prácticas de la iglesia primitiva.

En preparación para la enseñanza de las Etapas 2 y 3 debemos considerar profundamente cuál es la mejor manera de introducir el concepto y el propósito del bautismo. Probablemente, muchos de los equipos tendrán que incluir un segmento de “desenseñanza” al llegar a esta parte, para ayudar a los nacidos-de-nuevo a seguir el camino de la verdad y no atascarse en perspectivas absurdas.

Si comparamos las perspectivas y prácticas populares de nuestros días, con los ejemplos que tenemos en el libro de los Hechos, ¡pareciera que estuviéramos hablando de dos enfoques e historias totalmente diferentes! En el libro de los Hechos, se nos enseña el bautismo como el “inicio” de testimonio de una persona nacida de nuevo e identificada plenamente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Sin embargo, en nuestros días, hay algunas iglesias que relacionan el bautismo con exigencias, con compromisos, con pruebas de fidelidad, membresía en la “iglesia”, la obligación de dar “diezmos” y “ofrendas”, ritos de purificación, cursos de “preparación” y otras cosas parecidas. Algunos grupos enseñan el bautismo como medio de protección contra las enfermedades o de los “ataques del enemigo”. Otros grupos tradicionales creen que el ser bautizado por cierto líder de su movimiento religioso les dará “más poder”. Algunos enfatizan que el lugar donde se lleva a cabo el bautismo es importante mientras que otros enfatizan cierta vestimenta especial que uno debe ponerse para supuestamente recibir una “unción poderosa”. Otros enseñan que el bautismo deja al individuo “santificado”. Todas estas locuras, entre otras, solo sirven para desviar a la gente del debido enfoque, intoxicándola con ideas e imaginaciones irrazonables.

El bautismo – forma y función
No ignoramos que haya varias formas diferentes, y hasta creencias, respecto al bautismo. En la mayoría de las iglesias cristianas se practica el bautismo por inmersión, mientras que en otras por aspersión (rociando unas gotas de agua sobre el individuo).

Muchas iglesias solo bautizan a sus creyentes, mientras que otras practican el bautismo de los infantes. No vamos a discutir estas diferentes posiciones o prácticas en este punto. Considero que si nos concentramos en el significado, el propósito y la función del bautismo, veremos con mayor claridad que el objetivo primordial del bautismo es la identificación del nacido-de-nuevo en Cristo.

Si mantenemos este enfoque fundamental en cuanto al propósito y el significado del bautismo, entonces es más probable que encontremos las formas que tengan mucho más sentido. Hay tantas prácticas, en las iglesias tradicionales de hoy, que incluyen formas raras, místicas, rituales exóticos y hasta chistosos. Es probable, que entre los nuevos creyentes de su grupo, varios hayan sido testigos de algunas de estas tradiciones. Probablemente, su entendimiento de lo que significa el “bautismo” haya sido influenciado por estas ideas.

Por lo tanto, será necesario incluir, en el desarrollo de la instrucción, tiempos de “desenseñanza” aunada a la enseñanza correcta. Cada aspecto de la continuación del discipulado de los nacidos-de-nuevo de las Etapas 2, 3 en adelante debe tener propósitos bíblicos definidos. Todo lo relacionado con la iglesia, tanto en su función como en su forma, debe ser evaluado a la luz del propósito y significado de la Palabra de Dios, no por las instituciones humanas ni por intereses egoístas.

REFLEXIÓN #2: de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

Hoy presentamos la segunda parte de esta serie: La necesidad de la “desensibilización” en relación con el bautismo y la Cena del Señor.

La próxima semana comenzaremos nuestro análisis del tema del bautismo en particular. Pero antes de hacerlo, será muy útil considerar algunas de las contradicciones ilógicas en el entorno donde muchos de nosotros servimos; influencias que nos llaman a dedicar el tiempo necesario con los recién nacidos-de- nuevo para abordar las orientaciones religiosas que resultan tóxicas para el sano crecimiento del cuerpo de Cristo.
¡ÁNIMO y Dios los bendiga! ==================================================================== (Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 29-31)

Contradicciones ilógicas.

Es sorprendente la cantidad de institutos bíblicos reconocidos por su “sana doctrina”, teología y buena enseñanza bíblica que producen “ministros” que luego propagan en las “iglesias” enfoques erróneos, ajenos y extraños. Es esencial que los nacidos-de- nuevo no se confundan con estas enseñanzas tradicionales relacionadas con algunos temas que ya mencionamos, tales como: “iglesia”, “bautismo”, “Cena del Señor”, “diezmos”, etcétera. Más adelante veremos algunos de estos temas importantes.

Lo curioso es que la gran mayoría de estos “ministros preparados” tienen un entendimiento correcto de las verdades bíblicas. Sin embargo, su orientación religiosa los mantiene esclavizados a principios adulterados en la práctica. Si tuvieran que tomar “un examen teológico” sobre los temas ya mencionados, podrían responder a las preguntas correctamente y sin dificultad. La forma religiosa contamina y corrompe la función intencional de Dios y el resultado es una fe estéril, sin vida y sin función. Para los religiosos, la forma tradicional de hacer las cosas es estimada con mayor importancia que el propósito, el significado y la función, y el resultado es una lastimosa contradicción. Las formas religiosas-tradicionales debilitan, limitan y eliminan la correcta función intencional de Dios. Esta contradicción es indiscutible y se ve claramente.

Algunos distintivos de la religiosidad y la necesidad de la “desenseñanza”.

Hay varios distintivos que deben ser tratados. El propósito de la “desenseñanza” de estos distintivos es equipar a cada nacido-de nuevo y, a la vez a la iglesia naciente a evitar la seducción de las destructivas formas religiosas. Cada una de estas tradiciones religiosas sirve para paralizar la debida y correcta función de los seguidores de Dios.

El significado, propósito y función bíblica de los siguientes temas son muestras increíbles, hermosas, animantes, fascinantes y de gran bendición cuando los seguidores de Dios los experimentan de acuerdo a la intención y los propósitos de Dios.

Dos distintivos religiosos que necesitan ser tratados.

A continuación, abordaremos solamente dos de estos distintivos, aunque mencionaremos otros que son igualmente importantes. Estas dos muestras pueden servir para señalar o revelar otras áreas de la vida cristiana que han sido impactadas profundamente por las corrosivas influencias religiosas. Estos temas representan dos áreas fundamentales del inicio de la vida cristiana.

El primer punto se relaciona con la identidad del nacido-de-nuevo como individuo salvo y transformado – el bautismo. El segundo tema se relaciona con la gratitud renovada al recordar lo que hizo Dios para traernos la salvación – la Cena del Señor.

Muchos de ustedes han señalado específicamente estos dos temas, entre algunos otros. Mientras los revisamos, les rogamos que piensen en lo que Dios quiere como fruto, resultado y función en cada punto. Este proceso de cuestionamientos nos ayudará a resolver los otros asuntos, que igualmente han sido enredados, distorsionados y confundidos por la religiosidad.

Siempre debemos buscar discernir el propósito y la intención de Dios. Debemos pensar en qué es lo que Dios desea respecto a la función, el propósito y el resultado de Su voluntad.

Cada uno de ustedes viene de un contexto distinto. No importa su contexto cultural o su idioma; la función y el propósito de Dios serán siempre los mismos.

No obstante, las necesidades pueden variar de un contexto a otro. Entonces la forma de facilitar una buena función puede ser diferente en cada lugar. Los líderes de cada lugar deben asegurarse de que las formas que utilizan realmente faciliten la debida función de Dios. El líder sabio siempre estará pendiente y reconocerá cuando las formas de hacer las cosas debilitan, limitan, paralizan o eliminan la correcta función. Estos asuntos ocupan un lugar importante en nuestra preparación como maestros para la continuación de la enseñanza. Conforme avancemos, encontraremos estos asuntos entre otros.