En estos últimos días, Eunice y yo hemos estado conversando sobre varios aspectos de lo que abarca una vida Cristocéntrica. La diferencia entre las ideas de “poner a Dios en primer lugar” de la vida y “una vida Cristocéntrica” es realmente enorme. El primero mantiene al hombre como el punto céntrico; el que ordena y organiza su vida y prioridades (¡incluyendo la decisión de “poner a Dios en primer lugar”, o posteriormente quitarlo del primer lugar si hay competencia con otras prioridades!). Más en el segundo modelo, si bien se puede decir que Dios, por supuesto, tiene el “primer lugar”, encontramos que aquí hay mucho más que eso; Él es el centro, el director, el Señor, el propósito y el enfoque en todo, así como el punto de partida de la vida misma. Si se edifica la vida alrededor de Jesucristo como un punto céntrico, la perspectiva sobre todo lo demás de la vida es distinta.
Quienes ya estén familiarizados con esta perspectiva reconocerán de inmediato que no es una idea nueva. De hecho, la idea de Dios como tema central, corazón, núcleo y punto de partida de todo es un concepto prominente en el desarrollo de la historia desde el comienzo del Antiguo Testamento y es inseparable del discipulado genuino. Este es otro ejemplo que nos muestra que las verdades, el significado y los propósitos de Dios en el Nuevo Testamento no pueden entenderse claramente sin el fundamento que al respecto da el Antiguo Testamento.
La semana pasada estuvimos revisando varios puntos sobresalientes en la carta de Pablo a los Romanos en relación con numerosos fundamentos encontrados en la historia del Pueblo de Israel en el Antiguo Testamento. Uno de estos puntos fundamentales se encuentra en el libro de Deuteronomio cuando el Pueblo de Dios está a punto de entrar a la Tierra Prometida.
Aquí, esto, nos puede ayudar recordar que quienes han nacido-de-nuevo pueden contemplar la Tierra Prometida como un tipo, símbolo o sombra relacionada con la nueva vida en Jesucristo (¡no con el Cielo! ¡En el Cielo no habrá guerras, luchas, tristezas, pérdidas, etc.!).
¡Esperamos que esta REFLEXIÓN les inspire ánimo, iniciativa y edificación en esta mañana! En Deuteronomio capítulo 7, aunque en este pasaje de las Escrituras nos encontramos en un contexto, tiempo y dispensación diferentes a los que estamos viviendo hoy, aún vemos el precepto de un pueblo edificando sus propósitos, valores, convicciones y vida alrededor del Dios Todopoderoso como eje central. Aquí Moisés está exhortando al Pueblo de Israel en cuanto a las bendiciones que le esperan al otro lado del Río Jordán en la Tierra Prometida si continúan viviendo una vida “Dios- céntrica”. A la vez les advierte de las consecuencias si se olvidan de la Fuente de donde vienen las bendiciones y provisión ¡Recordemos que donde encontremos promesas de bendición en las Escrituras, también encontraremos condiciones!
Desde la salida del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y durante todo ese tiempo en el desierto, Dios se encargó de proveer para la gente sin ningún esfuerzo, trabajo o participación de ellos. Pero, al otro lado del Río Jordán, el pueblo tendría que aprender sobre la responsabilidad, el trabajo, la mayordomía y la relación directa que tendrían sus decisiones y valores con respecto a las bendiciones o consecuencias. Deberían seguir “viviendo por fe”, pero ahora de otra manera y con otro tipo de madurez y responsabilidad.
Los últimos días de la vida de Moisés serán dedicados a exhortar al pueblo que está a punto de iniciar su vida en la Tierra Prometida. De varias maneras Moisés sigue exhortando al pueblo, animándolo respecto a las bendiciones de Dios mientras al mismo tiempo advierte a la gente en cuanto a las consecuencias que experimentarían si se apartaban de Aquel que los salvó, su Señor y Salvador. ¡Esto nos lleva a tres puntos fundamentales que al final podemos ver como un solo desafío!
El primero de estos tres puntos es uno que encontramos a lo largo del libro de Deuteronomio, expresado de varias maneras en las exhortaciones de Moisés en el libro: “Tengan cuidado de no olvidarse del Señor su Dios.” Este es un tema entretejido a lo largo del Nuevo como también el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento lo vemos en el enfoque principal del motivo de celebrar puntualmente la Cena del Señor.
El segundo punto fundamental que observamos es la importancia de nuestra actitud y mayordomía ante Dios. Como ya fue mencionado, recordemos que las promesas de las bendiciones vienen con condiciones. ¡Pareciera que en nuestros tiempos, es común escuchar algunos maestros bíblicos citar diferentes promesas encontradas en las Escrituras sin mencionar las condiciones relacionadas a ellas! Una de las condiciones relacionadas con las promesas de Dios, que puede parecer prominente en el libro de Deuteronomio, es la de la obediencia, una idea que queremos explorar un poco más.
“Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres”. Deuteronomio 7:12
Un tema a menudo mal entendido y mal enseñado en algunas iglesias hoy en día es el de la obediencia y la sumisión. Por supuesto la obediencia puede ser algo muy bueno. No obstante, la historia de la iglesia nos muestra claramente que el enfoque centrado en el deber o la necesidad de la sumisión y la obediencia, si bien puede producir fácilmente “Cristianos obedientes”, no necesariamente fomenta lo primordial: un espíritu de agradecimiento. La obediencia normalmente está impulsada por algún sentido de obligación. La obediencia puede ser una característica agradable. Pero a Dios le interesa el corazón, la actitud, la motivación del hombre; no tanto lo que hace sino más bien, por qué lo hace. Se puede obedecer un mandato de Dios y, al mismo tiempo, deshonrarlo.
Si decimos que la obediencia es buena, entonces deberíamos reconocer y decir que es mil veces mejor realizar algo por gratitud a Dios, sin siquiera pensar en la obediencia que hacerlo por un sentido del deber o por obligación. Las palabras de Moisés intentan ayudar al Pueblo a tener una perspectiva, actitud y motivación de gratitud, (recordando lo que Dios ha hecho por ellos).
Esto nos lleva al tercer, último y más importante punto de esta REFLEXIÓN; el de un espíritu, una actitud y una respuesta motivados por la gratitud a Dios.
“Acuérdense de lo que hizo el Señor su Dios…. piensen en las grandes pruebas….. y en el gran poder que desplegó el Señor su Dios cuando los sacó de Egipto” (Deuteronomio 7:18-19).
Este último punto de esta meditación, el de la gratitud expresada, bien pudo haber sido la mayor preocupación de Moisés al contemplar el futuro del pueblo. A lo largo de la historia de la humanidad, y desde el principio hasta el final de las Escrituras, vemos una y otra vez que la mayor desgracia del hombre muchas veces tiene su raíz en el hecho de que, con el tiempo, su gratitud expresada a Dios ha disminuido.
En conclusión, podemos apreciar un profundo desafío que surge de estos tres puntos estrechamente relacionados. ¡Ojo! ¡Incluso con una minoría de la congregación que toma la iniciativa para ponerlos en práctica, puede traer vientos de transformación y avivamiento!
1) “Tenga cuidado de no olvidarse del Señor su Dios”,
2) Tenga cuidado de mantener siempre una actitud de humildad inspirada por recordar lo que Dios ha hecho por ti. Esto te librará a tener la bendición y el privilegio de ser un mayordomo de, y participar en la excelente voluntad, diseño y propósitos eternos de Dios, y
3) Tenga cuidado de siempre tener presente que los primeros dos puntos pueden impulsarnos a la gratitud, y que, a su vez, la gratitud puede impulsarnos a reflexionar sobre estos dos puntos. ¡La gratitud es tanto lo que inspira como lo que resulta de la inspiración! Ser cimentado en la gratitud a Dios por todo lo que Él es y por todo lo que ha hecho le trae gran honor y gloria a Él, mientras que al mismo tiempo curiosamente trae bendición a quien expresa tal gratitud.
¡Al final, estos tres puntos se convierten en la esencia misma de nuestro carácter, nuestra enseñanza, nuestro discipulado, todo lo que hacemos y el motivo por qué lo hacemos! Todo resplandece desde una vida Cristocentrica, y a la vez fortalece la vida de quien está centrado en Jesús.
Rick y Eunice
