FIELES A LO MÁS IMPORTANTE

Ocurrió hace años. Estuve llevando a un amigo indígena de la selva amazónica a donde visitaríamos a varias comunidades lejanas. Este amigo, que llamamos “Jaime” ha sido un hombre verdaderamente fiel a Dios y siempre centrado en Él . Pienso que hay muchos que son fieles, pero no tantos que siguen siendo fieles cuando llegan las dificultades, pruebas, persecuciones y peligros. A lo largo de estos últimos más de 45 años he tenido la bendición de ver de primera mano la vida de servicio y alabanza que Jaime ha vivido en medio de numerosos peligros, persecuciones, pruebas y dificultades. ¡Gracias a Dios por hermanos como Jaime!

La siguiente historia representa una ocasión en particular cuando pude apreciar sus perspectivas y convicción respecto a su relación con el Todopoderoso. Esperamos que esta REFLEXIÓN sea de bendición y estímulo para todos y cada uno de nosotros a no solo ser fieles, sino más bien fieles a lo más importante de esta vida.

Dios los bendiga,

Rick y Eunice

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Yo estaba cansado, pues había navegado todo el día conduciendo el bote, así que colgué mi hamaca y me fui directo a dormir. Ya muy noche, mi compañero oyó a la gente que tramaba hacernos daño. En la madrugada, oscuro todavía, me despertó. Sin hacer ningún ruido descolgamos las hamacas y salimos por una pequeña abertura en la pared de la aldea que daba a la jungla. Salimos a toda prisa hacia la canoa, arrancamos el motor y nos internamos en la espesa niebla.

Unos años más tarde, él quería regresar a hablar con la gente de ahí. Regresamos por el río hasta llegar a la vereda que llevaba del río a la aldea. Había muchos bejucos, así que, con el machete, nos tuvimos que abrir camino. Al llegar encontramos una aldea vacía, con manchas en el suelo por toda la aldea, como rastro de los cuerpos de los muertos que habían quemado. Casi toda la gente había muerto de una epidemia de malaria y los sobrevivientes habían quemado los cadáveres. Conforme caminábamos en silencio alrededor de la aldea, vi la profunda tristeza en los ojos de este amigo que esperaba poder ayudarlos.

Aunque está un poco más viejo ya (¡me imagino que yo también!), sigue firmemente andando en el camino de Dios. El año pasado, mientras regresábamos por el río, después de visitar unas aldeas, nos hicimos a la orilla y nos detuvimos para pasar la noche. Despejamos un área para acampar y colgar nuestras hamacas. Después de juntar leña y encender una fogata, nos sentamos en nuestras hamacas y comenzamos a platicar. Le pregunté por diferentes personas que habíamos conocido a través de los años. Habló con una profunda tristeza de aquellos que habían oído la Palabra de Dios, pero que no estaban siguiendo Su camino. Habló por un buen rato.

Mientras hablaba, parecía estar más conmovido al recordar a aquellos que habían “arrojado el habla de Dios” para irse por otros caminos, caminos que les habían traído mucho dolor y tristeza. Hizo una pequeña pausa, miró hacia el suelo, luego dio un salto al lado de la fogata, golpeándose el pecho. Y con una convicción abrumadora alzó su voz, “¡Pero yo nunca lo voy a desechar! ¡Jesucristo es mío! ¡Él es mío y nunca arrojaré al Gran Espíritu! ¡Él es el único camino! Creo que no se suena tan impactante en español, pero se entiende el mensaje.

Explorando el significado, el propósito y la suma de todas las búsquedas de la vida, ¿ha llegado usted también a esta misma abrumadora convicción? ¿Puede usted decir con nuestro amigo del Amazonas: “Sí, Él es el único camino, Él es mi único camino”?

Cuando Jesús llamaba a personas en lo particular a que lo siguieran, ellos caminaban con Él, no tanto siguiéndole a Él. Haríamos bien en acercarnos un poco más al Señor, a no estar tan entregados a los valores y búsquedas insignificantes de esta vida, a costa de las cosas de mayor valor.

“Las cosas de mayor valor” se ven con más claridad cuando las comparamos con las otras búsquedas de la vida que se oponen a ellas. ¿Cuáles son estas “cosas de mayor valor”?

Amar al Señor tu Dios

con todo tu corazón

y con toda tu alma

y con toda tu mente

y con todas tus fuerzas…

y amar a tu prójimo como a ti mismo.

No existe mandamiento mayor que éste.

Así que, De Vez En Cuando , tómese algún tiempo para mirar hacia atrás, reflexionar, reevaluar. Lo breve de la vida no nos permite hacer muchas de esas paradas. Por eso, de vez en cuando, tómese un tiempo para mirar atrás, recordar, meditar y reflexionar.

Reflexión en las vidas, experiencias, lugares y eventos que han formado y alterado su ser, sus valores, su perspectiva y sus propósitos en la vida. Tómese un tiempo para agradecer a Dios por quién y qué es usted en Él, por lo que tiene y, si es posible, aun por sus dolores, sus pérdidas y sus desilusiones. La vida es corta. Hagamos lo mejor de ella para la eternidad. Mantengamos nuestros ojos en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe.

Ahora es el momento, el mañana no puede llegar. Jesús está ante nosotros, ante una gran multitud y llama otra vez… Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame.  Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía y por aceptar el evangelio, la salvará.

(Esta historia se encuentra en el libro De Vez en Cuando — páginas 270-273).