La necesidad fundamental, absoluta y esencial de que los ancianos demuestren humildad genuina y la convicción de que las demás personas son inmensamente valiosas y más importantes que ellos mismos. (2da de 5)

En la REFLEXIÓN de esta semana consideraremos brevemente una perspectiva relacionada con la actitud de los líderes y cómo los siervos de Dios necesitan pensar de los demás.

El apóstol Pablo nos da instrucciones muy directas sobre la actitud que debemos adoptar como propia. Es sorprendente cómo muchos supuestos seguidores de Dios, incluyendo “líderes cristianos”, descartan con tanta rapidez la importancia de seguir la misma Palabra que predican. Leamos con atención los siguientes 11 versículos de Filipenses 2:1-11.

Así que, si Cristo les ha dado el poder de animar, si el amor los impulsa a consolar a otros, si todos participan del mismo Espíritu, si tienen un corazón compasivo, llénenme de alegría viviendo todos en armonía, unidos por un mismo amor, por un mismo espíritu y por un mismo propósito. No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo.  Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.  Tengan unos con otros la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual: Aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo.  Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz.  Por eso Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres, para que, ante ese nombre concedido a Jesús, doblen todos las rodillas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Volvamos al versículo 3, donde Pablo exhorta a los creyentes diciendo:  No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. 

Toda congregación que desea tener efectividad en su ministerio debe pensar en términos de “Equipo”.  Todo hermano de la congregación, especialmente los dirigentes, deben tener una perspectiva realista y humilde de sí mismos. No puede existir una actitud de equipo entre los hermanos si existen, a la vez, sentimientos de superioridad entre algunos, especialmente los sobreveedores. Ahora bien, hay que tomar en cuenta que algunos pueden tener trabajos o mayordomías de más peso que requieran más responsabilidad, pero de ninguna manera deben verse como indispensables o mejores que los demás. Una actitud de humildad y servicio, unida a una convicción de que los demás son de inmenso valor e importancia, es básica y elemental para edificar todo ministerio.

(Tomado de las páginas 293-294, Las Lágrimas en el Camino de Mileto).