REFLEXIÓN #5 de esta serie: La necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor

Esta es nuestra quinta reflexión relacionada con la necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Señor. ¡Esta semana seguimos contemplando unos puntos básicos sobre la identidad del nacido-de-nuevo en Jesucristo y cómo esta se manifiesta a través del bautismo a la manera de Dios!

Querido y muy estimado amigo y hermano, dondequiera que te encuentres: — ¡Ánimo y adelante!!!

==========================================================================(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes — ETAPAS 2 y 3, páginas 36-39)

Unos puntos básicos sobre el bautismo
Hay tantas ideas y costumbres sobre lo que es el bautismo y formas sobre cómo se debe realizar. Hay grupos que creen que para ser salvo, obligatoriamente, uno tiene que ser bautizado. Algunas iglesias obligan a los hermanos que se han mudado de otro lugar, aun cuando han sido seguidores de Jesucristo por muchos años, a que se bauticen de nuevo antes de aceptarlos como parte de la congregación. Otras iglesias le dan mucha importancia y énfasis a los detalles de la forma: el lugar, el ambiente, la vestimenta especial, cursos sobre el bautismo, preguntas y respuestas en preparación para una ceremonia que solo su pastor puede oficiar.

Algunos grupos suponen que la salvación depende del bautismo. Algunos de estos grupos insisten en una “fórmula exclusiva” para ser salvo por medio del bautismo. Estas congregaciones se apoyan, principalmente, en un texto tomado de Hechos capítulo 2. Actualmente hay dos ideas erróneas sacadas de este versículo. Si nos fijamos en el contexto en el que se encuentra este versículo, comprenderemos claramente qué fue lo que ocurrió y por qué. El texto que usan para afirmar esa doctrina es Hechos 2:38 que dice: “Pedro les contestó: ‘Vuélvanse a Dios y bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo, para que Dios les perdone sus pecados, y así él les dará el Espíritu Santo’ ”.


Las dos ideas erróneas son estas: la primera, dicen que uno debe bautizarse para que Dios le perdone sus pecados. La segunda, dicen que la única forma correcta de bautizarse es solamente en el nombre de Jesucristo. En su estudio personal, deberían revisar todas las otras citas que mencionan el bautismo, principalmente en el libro de los Hechos, y así obtener información más clara sobre lo que es y lo que no es el bautismo. La mayoría de ustedes podrán resolver estos asuntos en el contexto de este mismo capítulo sin necesidad de hacer un estudio más profundo.

Identificación y arrepentimiento
Dios hizo algo tan extraordinario que dejó a todos asombrados y sin saber qué pensar. La mayoría de los que estaban presentes en Jerusalén habían viajado desde pueblos muy lejanos para participar en la Pascua y en las fiestas que seguían la Pascua, incluyendo la fiesta de Pentecostés.

Hechos 2 nos habla de este milagro que atrajo a una gran multitud, gente de diferentes idiomas y de pueblos distantes. Estaban admirados de cómo todos oían hablar de las maravillas de Dios en sus propios idiomas. Era algo asombroso y muchos fueron a ver qué estaba pasando. Los que anunciaban las maravillas de Dios eran de Galilea y hablaban en idiomas que jamás habían
aprendido.

Unos quedaron asombrados preguntándose qué significaba todo eso. Otros empezaron a burlarse diciendo que los discípulos de Jesús estaban borrachos. Luego Pedro se puso de pie y empezó a dar una explicación.

¿A quiénes se estaba dirigiendo Pedro? Pues, estaba hablando a gente religiosa, judíos religiosos de todas partes, gente que conocía las Escrituras (nuestro Antiguo Testamento), y que creía totalmente en Dios y en el Espíritu de Dios. Sin embargo, esas
personas presentes no habían creído en Jesús. Además, habían sido espectadores y estuvieron a favor de la crucifixión de Jesús. Pedro recurre a las Escrituras, las palabras de los profetas y la historia que encontramos en el Antiguo Testamento. Luego les muestra que Jesús era precisamente Aquel a quien anunciaban estas Escrituras.

Alrededor de 3.000 personas empezaron a ver y a entender las Escrituras como nunca antes. Ya estaban plenamente identificados con el Dios y Espíritu de las Escrituras (por eso habían ido a Jerusalén en esas fechas), pero cuando vino Jesús, lo rechazaron. Cuando se dieron cuenta de que Jesús era el Señor y Mesías y que ellos habían tenido parte en Su muerte, se afligieron profundamente, y preguntaron: “Hermanos (de raza), ¿Qué debemos hacer?” Pedro les da la respuesta acorde a la situación, el contexto y la dinámica de aquel día. Eso lo vemos en Hechos 2:38.

Entendiendo el propósito del bautismo
En el contexto de todo lo que había
pasado (tomen el tiempo para leer de
corrido los capítulos 1 y 2 de Hechos),
es completamente razonable y
entendible lo que dijo Pedro. Él les está
diciendo – ustedes son personas
religiosas buscando al Mesías, pero este
Jesús es el Mesías que buscan. Sin
embargo, ustedes lo rechazaron y lo
asesinaron. Por eso dijo Pedro:
“Vuélvanse a Dios”. ¿Entonces qué
faltaba? Pues, que se identificaran con
este mismo Jesús que habían
rechazado, e identificarse directa y
personalmente con Él. Entonces Pedro dice: “bautícese cada uno en el nombre de Jesucristo”, reconociendo así que Jesús es el que vino a perdonar sus pecados.

Pedro no les está dando una fórmula para la salvación. No les está diciendo que necesitan bautizarse de manera especial y pronunciar solamente el nombre de Jesucristo. Pedro les está ayudando a entender el significado y propósito de las Escrituras. Les está ayudando a entender que habían rechazado la única solución de Dios para ellos, la persona de Jesús. Les dijo que ahora debían identificarse con este Jesús y, aunque lo habían asesinado, Él les perdonaría sus pecados.

¿Cuál fue el resultado de este entendimiento en aquellos que hicieron caso al mensaje de Pedro? Se identificaron con Jesús públicamente por medio del bautismo. No solo eso, sino que también se unieron a los demás creyentes en la enseñanza, en la oración con los demás, compartiendo los unos con los otros y recordando la muerte y el sacrificio de este Jesús a favor de ellos (por medio de la “Cena del Señor”).

Se ve claramente que el propósito y función del bautismo es IDENTIFICACIÓN. La salvación no se recibe por la fórmula de fe más obras, incluyendo el bautismo. Entendemos todo este asunto, con más claridad, cuando lo estudiamos en su contexto bíblico e histórico en las siguientes etapas de la enseñanza. Nos sirve como un ejemplo más de la importancia de una enseñanza ordenada tanto en el evangelismo como en el discipulado. Evitamos mucha confusión cuando enseñamos desde el principio.