Todavía no he conocido a nadie que no admita que la “FORMA”, o sea, la manera en que se “celebra” hoy la Cena del Señor se ha desviado muchísimo de cómo se celebraba en las iglesias primitivas. No solo ha cambiado drásticamente la FORMA de participar en ella, sino que también se ha alejado muy, muy, muy lejos del enfoque que Dios mismo estableció para ello; llegando incluso, en muchos casos, a eliminar por completo la FUNCIÓN y el propósito intencional de Dios para este acto.
Hoy en día, en muchas iglesias que siguen una forma religiosa-tradicional, la “celebración de la Cena del Señor” está muy lejos de ser una verdadera “celebración”; y en cuanto a la parte de la “cena”, ni siquiera una paloma la consideraría como tal.
Hoy dedicaremos un tiempo a dos preguntas importantes:
primera, ¿Qué pasó con la Cena del Señor?, y segunda, ¿qué significa exactamente ese texto, frecuentemente malinterpretado y mal utilizado, que habla de “El que come o bebe de manera indigna”?
¡Que la verdadera Palabra de Dios, así como sus buenos diseños y propósitos, nos renueven hoy y nos llenen de gran ánimo!
===========================================================================================
(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes –ETAPAS 2 y 3, páginas 47-50)
¿Qué pasó con la Cena del Señor?
Ahora, aquí estamos 2000 años después. Conocemos el relato bíblico tanto la historia de la Pascua del Antiguo Testamento como la del Nuevo. Entendemos, además el significado y el propósito de la Cena del Señor. No obstante, tal vez pareciera que nos hemos alejado un poco de la función y del propósito originales de la Cena. ¿Qué pasó y qué se puede hacer?
Hay varios pensamientos en cuanto a los detalles de cómo y por qué la iglesia, en gran parte, perdió esa celebración de gozo. Algunas evidencias apuntan a que los cambios empezaron aproximadamente 200 años después de Cristo. Poco a poco la idea de separar el significado de “el pan y la copa” empezó a tomar forma. Eso dio lugar a que la Cena se convirtiera en un ritual misterioso y “sagrado”. Por supuesto, se espera que un ritual sagrado deba oficiarse por un individuo que, supuestamente, es “sagrado”. Así, en algunas “iglesias”, las formas religiosas eliminaron la función y propósito de Dios y convirtieron la Cena en una exhibición mística, de asombro, mágica y poderosa, centrada en el sacerdote.
No habían pasado ni mil años y “la Cena del Señor”, para muchos, ya no era más que un rito religioso. La iglesia romana institucional puso el ritual como una piedra angular de la misa en la cual el sacerdote, por un poder sobrenatural, (llamado el dogma de la transubstanciación), convierte el pan y el vino en el mismo cuerpo real y físico de Cristo. El enfoque intencional de Dios, la celebración de gratitud y el significado de la Cena del Señor se perdió, y entonces “la Cena” se convirtió en una ceremonia muerta.
¿Podría una congregación tradicional volver a realmente celebrar la Cena del Señor? ¿Podría esta quitarle lo místico y regresar a la debida función de la Cena del Señor? ¿Podemos nosotros, junto con nuestros equipos e iglesias, conducir a los nacidos-de-nuevo en esta función viva y eficaz? ¡Por supuesto que sí! Quizás algunos de ustedes experimentarán oposición por parte de los que representan a las iglesias tradicionales- religiosas. Ellos darán un sinfín de explicaciones del por qué es mejor seguir el camino establecido por los hombres y que las tradiciones religiosas nos aseguran que la Cena se tome “seriamente” y de manera “digna”. Dirán que solo un hombre debidamente preparado y autorizado eclesiásticamente debe oficiar la Cena, porque eso garantiza que se llevará a cabo “correctamente”. Quizás estos argumentos suenan bien. El único problema es que son ajenos a todo lo que encontramos en la Biblia.
El que come o bebe de manera indigna
Es importante que cada uno de nosotros, que estamos involucrados en el discipulado, tenga claridad en cuanto a cierta orientación religiosa que ha sido manipulada con frecuencia para mantener las formas tradicionales. En sus grupos, algunos de ustedes tendrán nacidos-de- nuevo quienes tienen secuelas por haber sido influenciados por experiencias y orientación pasadas en cuanto a este punto. Tendrán que realizar una “desenseñanza” antes de seguir con la enseñanza correcta y verdadera sobre la Cena del Señor.
Este tema se desprende de un texto tomado de 1 Corintios 11. En este capítulo, nuestro hermano Pablo está reprendiendo fuertemente a los corintios diciéndoles que la cena que pretendían celebrar no tenía nada que ver con la verdadera Cena del Señor.
El versículo que ha dejado a muchas personas perturbadas es el versículo 27, la advertencia de que uno peca contra el cuerpo y la sangre del Señor si come del pan o bebe de la copa de manera indigna. Pero, ¿Qué es comer y beber de manera indigna? La respuesta se encuentra en el mismo contexto. Para entenderlo podemos iniciar leyendo desde el versículo 17, hasta el 34 del mismo capítulo 11.
El problema de los corintios era que cuando se reunían para celebrar la Cena del Señor, la iglesia estaba dividida. Los que llevaban bastante comida se adelantaban. Comían y bebían sin tomar en cuenta a los miembros que no tenían. En la misma reunión, unos comían en exceso, mientras que otros se quedaban con hambre.
Tomemos un momento para verlo desde el punto de vista celestial. Jesús lo dio todo por todos, con el fin de unirnos en un solo cuerpo, en un mismo amor, espíritu y propósito, cada miembro compartiendo con los demás, buscando edificar y bendecir a los demás miembros. Cuando lo vemos así, como también lo veía Pablo, podemos entender mejor sus palabras: “¿Por qué menosprecian la iglesia de Dios y ponen en vergüenza a los que no tienen nada?” (1 Corintios 11:22).
Si estamos centrados en el discipulado funcional, todo esto tendrá mucho sentido. Veremos a continuación que las formas y prácticas religiosas regularmente acaban con la función de acuerdo al propósito de Dios. Las congregaciones religiosas no pueden entender de qué está hablando Pablo, porque no se reúnen con el propósito de celebrar la Cena del Señor sino más bien para llevar a cabo una ceremonia. Están tan impuestas a la forma de la Cena como a un ritual solemne, silencioso e individual que esta reprensión de Pablo parece no tener sentido.
La Cena del Señor debe ser un tiempo de participación y comunión familiar y congregacional. Es un tiempo en el que la congregación puede recordar con gratitud el significado del sacrificio de Jesús. Por un lado, podemos pensar en lo que hizo Jesucristo por nuestra salvación, y por otro lado, podemos meditar en cómo nos hizo una familia. La Cena sirve para manifestar nuestra unidad como un solo cuerpo en Cristo (1 Corintios 10:16-17). El recordar lo que hizo Jesús por nosotros debe renovar nuestra gratitud personal y a la vez refrescar nuestra unidad con los demás hermanos.

Comer o beber de “manera indigna” quiere decir “celebrar la Cena del Señor” como lo estaban haciendo los corintios. Algunos de los corintios asistieron a la Cena con una actitud de superioridad, arrogancia y egoísmo. Su enfoque no se centraba en lo que hizo Jesús por ellos, ni en la unidad con los demás del cuerpo. Los que llegaban primero se adelantaban a los demás. Los que tenían bastante ignoraban a los que tenían menos. Algunos tomaban hasta emborracharse. Había divisiones y discordia entre hermanos. Nuestro hermano Pablo les dijo que la “Cena del Señor” que supuestamente estaban celebrando no era realmente la Cena del Señor. Habían abandonado el enfoque, el significado, el propósito y la función de la Cena.
Por esta razón, Pablo les dijo que cada uno debía examinar su propia conciencia antes de comer del pan y beber de la copa. Uno debe examinar su actitud y corregirla. ¿Hay alguna raíz de amargura, de egoísmo, de arrogancia, o de superioridad en nuestras vidas? Estas condiciones imposibilitan una actitud de gratitud, de humildad y de comunión. El propósito de la exhortación de Pablo a “examinarse” no tiene nada que ver con ser o no “digno”, ni si alguien debe participar o no de la Cena. ¿Quién es “digno” en sí mismo? ¡Jamás seremos dignos! ¡Participamos de la Cena no porque seamos dignos, sino porque Cristo y Su obra lo son! Debemos recordar a Jesús, reconocerlo, agradecerle y participar de Su Cena, porque Él es digno. Las formas que practicamos deben facilitar esta digna función.
