Bueno, hoy concluimos esta serie sobre la necesidad de la “desenseñanza” en relación con el bautismo y la Cena del Senor. Estamos agradecidos con quienes han estado preguntando sobre estos temas a lo largo de los últimos meses y que inspiraron la creación de esta breve serie. ¡¡¡GRACIAS!!!
En esta última REFLEXIÓN sobre la Cena del Señor, abordaremos brevemente algunos aspectos prácticos relacionados con las “FORMAS” de la Cena, enfocándonos en su debida y correcta “FUNCIÓN” práctica; la misma que implica una participación activa, reflexiva, abierta y centrada de todo el cuerpo, la congregación, en este momento tan especial.
Queremos expresar un agradecimiento muy especial a nuestro muy querido compañero y consiervo, Alfredo Hernández, por su dedicación, su atención a tantos detalles y por el tiempo que ha dedicado a formatear y publicar estas REFLEXIONES. ¡Gracias, nuestro amado y apreciado hermano Alfredo!
¡Y a cada uno de ustedes que está leyendo esto: GRACIAS!!! Te valoramos y apreciamos muchísimo. ¡Damos gracias a Dios por tu vida y por tus esfuerzos incansables, invirtiendo en los propósitos eternos de Dios! ¡Damos muchas gracias a Dios por tu vida! ¡Ánimo!!!!
Rick y Eunice
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(Tomado de Edifiquemos Sobre Cimientos Firmes –ETAPAS 2 y 3, páginas 50-52)
La noche de las dos Cenas del Señor
Fue en una de las primeras veces que celebramos la Cena del Señor, en una de nuestras comunidades con los nuevos creyentes, que sucedió algo interesante. Comimos juntos, convivimos juntos y luego tomamos un tiempo para darle gracias a Dios por todo lo que hizo por nosotros.
En esa ocasión que gozamos con los nuevos discípulos, le pedimos a cada uno que tomara un pan y luego compartiera unas palabras de agradecimiento a Dios. Mientras seguíamos comiendo y compartiendo, me di cuenta de que uno de los hermanos solo miraba el pan y el jugo que compartíamos entre todos. Su mirada no era de gozo, sino de tristeza. Cuando estábamos por terminar, le pregunté delante de todos los demás: “Hermano Daniel, ¿no quisiste participar? ¿Por qué no”? Los ojos de Daniel se llenaron de lágrimas. Daniel respondió diciendo: “Aquí estoy, pensando en todo lo que ha hecho Jesús por mí. No pude participar porque me siento tan indigno”.
¡Qué bendición nos dio Daniel aquella noche! ¡Qué oportunidad y qué privilegio para todos! Les pregunté a todos, ¿quiénes de los que estamos aquí somos dignos de tomar la Cena? Todos estábamos de acuerdo en que ninguno era digno, pero que Jesús sí lo es. Él nos invita a recordar Su pacto. Deberíamos participar porque Él pagó el precio para salvarnos.
Con estas perspectivas compartidas, el aspecto del rostro de Daniel cambió totalmente. ¡Con su nueva perspectiva sobre el enfoque, unos se fueron corriendo a la tienda y regresaron con más pan, bastante pan, y mucho jugo! ¡Esa noche celebramos la Cena del Señor dos veces! Volvimos a comer y dimos nuevamente gracias a Dios. ¡Esta vez Daniel participó con mucho ánimo y tuvo mucho de que agradecer y compartir!
Hermanos, pronto estarán enseñando sobre la Cena del Señor y participando de ella con los nacidos-de-nuevo. Les animamos a que busquen formas que realmente funcionen para celebrar la nueva fiesta de la Pascua, la Cena del Señor. Busquen la manera de animar a todos a participar. Cuando decimos “todos a participar”, no estamos hablando de que solo coma y beba de ella, sino que cada uno tenga la oportunidad de compartir con los demás, de arreglar cualquier asunto pendiente que tenga con algún hermano y que recuerden juntos la historia de Dios, que recuerden lo que hizo Jesús por nosotros, y de animarnos los unos a los otros en cuanto a Su venida.
Recomendaciones en cuanto a la Cena del Señor
En las primeras lecciones de la Etapa 3 repasaremos el tema de la Cena del Señor. Será necesario explicar en detalle varios aspectos sobre lo que es y lo que no es la Cena.
Les recomendamos no imitar ciertas formas de la Cena del Señor, solamente porque parezcan “formas aceptables”, populares, o porque algunas iglesias “lo hayan aceptado”. Busquen darle plena libertad a la función que sea conforme a la Palabra, sin dejarse llevar por criterios religiosos. Si no tuvieran orientación previa, de alguna institución o iglesia, y tuvieran que organizar la Cena del Señor basándose exclusivamente en lo que dice la Biblia, ¿Cómo organizarían esa celebración y comida?

Hermanos, reúnanse con sus equipos e iglesias y hablen sobre este tema. Cuando sus equipos hayan hecho a un lado la religiosidad de esta celebración, ¡entonces celebrarán lo que es realmente una Cena del Señor! ¡Así su ministerio con el nuevo grupo de creyentes tendrá fundamentos firmes y mucho sentido! ¡El discipulado que sigue en desarrollo será edificante y distinto! Las próximas lecciones de las Etapas 2 y 3 proveerán un contexto en el cual su equipo podrá aplicar y practicar los principios bíblicos dinámicos y vivos.
Estos dos distintivos que revisamos, el bautismo y la Cena del Señor, nos sirven de ejemplo para ver cómo las tradiciones religiosas pueden presentar amenazas fundamentales en el andar del discipulado. Esperamos que la consideración de estos ejemplos nos ayude a discernir otras áreas que igualmente pueden perjudicar a los nuevos creyentes.
