NUESTRA CARRERA

Al llegar al final de su vida, Pablo compartió las siguientes palabras: “He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel”. (2 Timoteo 4:7).

Varios años antes, Pablo escribió a los Corintios usando entre otras ilustraciones la de una carrera (1 Corintios 9:24-27).  En nuestros tiempos modernos este texto ha sido utilizado en muchos contextos para exhortar al pueblo de Dios, incluidos los que están siendo preparados para el liderazgo ministerial, el pastorado y la vida misionera. 

Unos de los puntos mayormente enfatizados en muchas de las enseñanzas basadas en este texto son entre otros, la importancia de ser fiel, de seguir adelante y de no ser descalificado. Muchos de nosotros hemos oído buenos ejemplos ilustrativos cómicos de carreras donde los corredores fueron descalificados por hacer trampa a sus compañeros o por tomar algún atajo u otras cosas abiertamente ilegítimas.  En la esfera ministerial, su contraparte correspondiente donde se habla de “obreros de Dios” descalificados se ve mayormente en asuntos de inmoralidad, orgullo y hasta robo entre otros temas.

En medio de los retos y los tiempos que estamos viviendo, Eunice y este servidor de ustedes queremos animarles a dedicar unos minutos a evaluar no solo lo que está haciendo, sino también cómo lo está realizando.  Queremos animarnos a todos a considerar no solamente el importante peligro de ser descalificados en la carrera, sino también lo que nos puede dejar fracasados y derrotados a medio camino.  A fin de cuentas, ser descalificado o simplemente perder nos deja donde no debemos terminar.

Lo que viene a continuación son cuatro versículos ubicados en 1 Corintios 9:24-27 que deben representar un reto y a la vez llenarnos de ánimo a todos y cada uno de nosotros:

“Ustedes saben que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio. Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. Yo, por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros”.

Tomemos en cuenta varios puntos preliminares importantes:

1.  Pablo nos exhorta en cuanto a CÓMO correr.  No se refiere a que solo uno puede ganar el premio sino que nos anima a cada uno a correr como el que realmente quiere ser premiado.

2. Esta carrera de la que habla Pablo no se trata de la salvación. Más bien, se trata de nuestra vida siendo una expresión de gratitud a Dios por la salvación.

3. De manera ilustrativa, Pablo trata con dos temas que seguimos enfatizando en los entrenamientos de Cimientos Firmes como también en otras enseñanzas — la importancia de “QUÉ” estamos haciendo y la súper gran importancia de “CÓMO” lo estamos haciendo.

¡Hay un premio!  ¡Dios quiere premiar a Sus hijos!  Pero parte de lo que da valor a ese premio, es la participación activa de nosotros.  ¡Hemos sido invitados a “una carrera”, no para ser espectadores, ni para jugar en la pista, sino para correr!  El premio no es para los que se apuntan sin intención de participar.  El premio no se consigue entrando a la carrera con un cono de nieve en la mano y una mentalidad de fiesta, trotando un poco, luego tomando recesos, retiros, siestas, descansos, luego trotando un poco más.  El premio es para los que entran en la carrera con carácter, con seriedad, con sus ojos en la meta, corredores disciplinados y responsables.

A continuación revisaremos tres características básicas para todo aquel que realmente desea lograr el premio, el mismo premio que recibió nuestro apreciado hermano Pablo (1 Corintios 9:24-27):

Primero: Se requiere una actitud de humildad, dominio propio y responsabilidad.

En un texto relacionado, se nos deja en claro la importancia de fijarnos bien en el camino para evitar dos peligros distintos, dos áreas de riesgo que nos presentan constantes amenazas.  Hebreos 12:1, nos advierte:

“Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante”.

Vemos que hay dos vías que llevan al fracaso.  Desafortunadamente la mayoría de nuestras instituciones teológicas se enfocan casi exclusivamente en “el pecado que nos enreda”: y que tristemente lleva muchas veces a la descalificación.  Pero hay otro peligro que, en mi opinión personal, es más prevalente y muchas veces abiertamente aceptado entre los de la comunidad evangélica y hasta entre los pastores, misioneros y otros obreros.  Eso es, el asunto de “TODO lo que nos estorba”.  Mi conclusión personal en cuanto a la deficiencia integral relacionada con la comunidad cristiana es que se debe a la ausencia del discipulado bíblico.  Mi conclusión personal es que la mayoría de las iglesias simplemente no tienen un discipulado funcional.  Por eso, tanto en algunas instituciones teológicas, en el liderazgo de algunas iglesias y en las congregaciones, el asunto del “pecado que enreda” es mayormente de enseñanza temática, mientras que el asunto de “todo lo que estorba” tiene que ser aprendido mayormente en un contexto de discipulado.  Hay muchas facetas en cuanto a esta observación, pero seguimos con el tema principal.

Es verdad que demasiados nacidos-de-nuevo se han quedado “enredados en el pecado” y descalificados, pero muchos más todavía se han quedado atrás, igualmente fracasados, porque no han podido avanzar debido a que han dejado que “todo lo que los estorba” domine sus vidas. 

Ambos, tanto todo lo que nos estorba, como también el pecado que nos enreda, lo tenemos que entender relacionado con nuestra humildad, nuestro dominio propio y nuestra responsabilidad personal.  No podemos echar la culpa al compañero, ni al Chancludo.  Es un asunto personal de cada uno.  Dejemos resonar las palabras de Hebreos 12:1 Tenemos muchos ejemplos de ánimo que nos rodean, desde las Escrituras y hasta la fecha….. Entonces, ¡ÁNIMO! “dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante”.

Segundo: Se requiere dirección, propósito y compromiso.

Debemos ser sabios y discernir hasta donde ha infectado a la comunidad cristiana el moderno “cristianismo lite”.  Debemos tener claridad de cómo el significado bíblico original ha cambiado.  Es necesario tomar en cuenta que hay una gran diferencia entre “creer en Cristo” y “nacer de nuevo”.  Hay un gran contraste entre “aceptar a Cristo en su corazoncito” y “entregar su corazón, con todos sus valores, propósitos, dominios e intereses a Cristo, junto con el timón de su vida”.  No es lo mismo “ser bautizado en la iglesia” y “ser plenamente identificado en la vida en Cristo después de dejar la vida vieja sepultada”.  Hoy día “ser cristiano” no necesariamente significa “ser seguidor de Jesucristo”.

Estos son unos pocos ejemplos.  El punto por el cual es importante ver estos conflictos con claridad es, que de lo contrario, será totalmente imposible tener una visión clara en cuanto a nuestra dirección, nuestro propósito y nuestro compromiso; esenciales para poder correr hacia la meta.  No debemos confundir la mucha actividad y movimiento cristiano con avances legítimos y reales en la carrera que tenemos por delante.  1 Corintios 9:26 nos habla de “CÓMO” correr.  El que desea correr bien debe ser decisivo, enfocado, entregado, comprometido.  Además de las cualidades mencionadas en el primer punto: la humildad, el domino propio y la responsabilidad personal. También se requiere del corredor: su enfoque centrado en la dirección de Dios, en Sus propósitos y un compromiso personal de someter todo a estos principios.  De lo contrario, en algún momento tendrá intereses conflictivos y estos lo llevarán a un fracaso.  En su carta a los Filipenses Pablo nos muestra estas cualidades y características brillando en su vida:

Filipenses 3:12-14, “No quiero decir que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero. Hermanos, no digo que yo mismo ya lo haya alcanzado; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta y ganar el premio celestial que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús”.

Tercero: Se requiere disciplina.

No hay manera de enfatizar suficientemente la importancia de la disciplina.  Es una de las cualidades sobresalientes, esenciales, más importantes y primordiales para todo aquel que tiene o quiere tener una participación en el liderazgo.  La disciplina se relaciona con casi todo lo demás.  Se relaciona con las otras cualidades ya mencionadas, como también con lo que el Espíritu Santo produce directamente (Gálatas 5:22-25).

En el mundo deportivo, la disciplina es básica y fundamental en cada etapa del entrenamiento.  En toda carrera la disciplina es primaria.  Sin la disciplina propia, la profunda e importante advertencia de Hebreos 12:1 queda estéril en “la sana doctrina” pero no en “la sana vida”.  Para algunos nacidos-de-nuevo, el tema de la disciplina es una gran lucha, pues se necesita un poco de disciplina para disciplinarse a aprender y profundizar en la disciplina.  Esta lucha puede ser superada por muchos cuando en la iglesia hay un discipulado funcional, donde un hermano más maduro puede discipular a otro que desea aprender.  Donde no hay un discipulado funcional es difícil, pero no imposible crecer en la disciplina propia. 

Uno puede empezar ahora mismo.  ¡Quizás algunos tuvieron que “disciplinarse” para seguir leyendo y meditando hasta llegar a esta frase en esta meditación!  Pero si hemos llegado hasta aquí, entonces también podemos volver a Hebreos 12:1 y hacer cada uno una lista de dos, o tres cosas que están estorbando en su vida….Y luego tomar acción, dejando a un lado TODO lo que nos estorba.  Es una oportunidad para evaluar su vida: ¿Qué te está estorbando y debe ser dejado?  Y una pregunta relacionada, ¿Hay algún pecado envuelto en tu manto espiritual que no haya sido tratado?  Dejemos a un lado también el pecado que nos enreda.

Queridos hermanos, todo está expuesto delante del Dios de los Cielos.  El arrepentimiento es el camino si hemos dejado nuestro primer amor.  Todos o casi todos ustedes leyendo estas líneas son líderes.  Hoy es un buen día para evaluar el liderazgo, para evaluar nuestras vidas.  ¿Estás corriendo bien?  ¿Hay algo en tu vida relacionado con el enredo del pecado o un estorbo?  ¿Estás en el camino del discipulado — recibiendo discipulado y discipulando a otros? 

Ayudémonos los unos a los otros con, en y para este mismo ánimo, el mismo ejemplo, el mismo amor, el mismo espíritu y el mismo propósito.  De manera que, también podamos alabar a Dios en el mismo lugar de encuentro, al final de nuestra carrera, junto con nuestro hermano Pablo quien dijo:

“He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que el Señor, el Juez justo, me dará en aquel día. Y no me la dará solamente a mí, sino también a todos los que con amor esperan su venida gloriosa”.                                                              2 Timoteo 4:7-8

“LA CASA DONDE SE ENSEÑA LA PALABRA”

El joven que no conocíamos llegó tocando la puerta.  Cuando abrimos, se nos quedó mirando a los ojos un momento antes de preguntarnos – “¿Es esta la casa donde se enseña la Palabra?

Bueno, esta pregunta es parte de una historia en la continuación y el desarrollo del discipulado que hemos recibido en nuestra congregación en una ciudad de Venezuela.  Quizás algunos de ustedes han leído un poco acerca de nuestra iglesia en el libro De Entre Las Tumbas.  

Soy miembro de esa misma congregación venezolana donde nuestros pastores, a pesar de las restricciones, dificultades y retos relacionados con el Coronavirus, nos han animado a todos a seguir sirviendo a Dios de manera responsable, tomando las precauciones recomendadas, pero sin dejar de ser luz para nuestro Dios en nuestras comunidades.

Nuestros ovejeros siempre han enfatizado la importancia del discipulado, pues sin el discipulado, lo que llamamos “iglesia” termina siendo solamente un lugar donde los creyentes asisten a reuniones y cultos, pero no viven como el cuerpo funcional de Cristo. Esto me hace pensar en algunas porciones del “libro”  Las Lágrimas en el Camino de Mileto que describen perfectamente nuestro enfoque como iglesia del Señor: “Dentro de las reuniones y fuera de ellas, todos los hermanos deben estar funcionando”. “La segunda función de la iglesia es la labor intensa y difícil de hacer discípulos de otras gentes, de las que hoy ni siquiera son creyentes”. (Páginas 162 y 165)

Entonces, con el ánimo, dirección y apoyo de los dirigentes de nuestra iglesia, nos quedamos pensando cómo podríamos compartir el Mensaje de Dios con las personas de nuestra comunidad.  Muchos en Venezuela están sufriendo, ahora más que nunca, por las necesidades, la incertidumbre, la desesperación y los temores.  Mucha gente está buscando respuestas a las preguntas más fundamentales de la vida. 

Así que, con nuestra nación en estricta cuarentena, empezamos a explorar cómo servir, ministrar y compartir con algunos de nuestros vecinos.  ¡Todo empezó con la organización de los estudios cronológicos con un solo muchacho que se mostró nada interesado!  Cuando iniciamos las charlas de introducción, el joven nos hizo entender que, como él exclamó – “Solo estaré cinco minutos”.  

Rápidamente corrió la voz de lo que estábamos haciendo y fue creciendo el grupo de jóvenes de la comunidad.  Fue entonces que un día, llegó el muchacho tocando a la puerta y preguntando si esta era la casa donde se enseña la Palabra.

Al iniciar los estudios, planteamos al grupo que hay un mensaje en el libro que nosotros llamamos “Biblia” y que si nunca hubieran dedicado un tiempo para escuchar el mensaje, estaríamos dispuestos a compartir el relato con ellos. Aclaramos que como en cualquier historia lógica, lo haríamos desde el principio. 

A partir de esa misma semana empezamos a reunirnos de lunes a viernes, cada noche, por una hora.  El muchacho que en la introducción había dicho que “solo estaría cinco minutos” era el primero que llegaba cada noche y que animaba a los demás.  ¡Después de escuchar las primeras pláticas, los jóvenes exigían mayor tiempo en la historia, así que el estudio aumentó a tres horas diarias! Así fuimos avanzando, de lunes a viernes, tres horas diarias, repasando la historia de Dios desde la creación hasta la redención hecha por nuestro Libertador y Esperanza.

A medida que íbamos avanzando en el relato, ellos se asombraban más y más. No podían creer lo que la Biblia contenía, una historia tan reveladora y práctica.  En las primeras charlas escuchamos comentarios como el siguiente: 

“Wow, no puede ser… ¿Cómo es posible tanto amor por parte de Dios?, Ahora entiendo que todo está en la Biblia; quién nos creó, para qué, por qué….de verdad no sabía que allí explica todo eso, la Biblia tiene que ver con nosotros.”

También sucedió, que cuando estábamos terminando el relato de Jesús en el Nuevo Testamento, uno de los jóvenes exclamó, diciendo: 

“¡Hey… ya lo entiendo!  ¡Todo lo que vimos en el Antiguo Testamento eran sombras para hacernos entender el significado y el propósito de Dios revelado en el Nuevo Testamento. Dios nos prometió un Libertador en el Antiguo Testamento y lo cumplió en el Nuevo: es Jesús, nuestro Libertador, nuestra Esperanza!”

Estos jóvenes escucharon con toda atención mientras fuimos avanzando en la historia.  ¡Pero no solo oyeron la historia sino que también entendieron el significado de ella, y en el proceso se encontraban confiando en el Libertador!  Ahora cada uno de ellos están confiando plenamente en nuestro Señor Jesucristo y lo que hizo a su favor como pago por sus pecados.  Están seguros de que al morir irán al cielo con Dios y que como exclamó uno de ellos “¡Ahora soy amigo de Dios, el Creador del cielo y la tierra!”.  Estos muchachos ahora son nuestra nueva familia, caras que veremos en el cielo. 

Fuimos diseñados para eso hermanos, para el discipulado. A veces empieza compartiendo el Evangelio con los que no lo conocen, dando esperanza y vida a través de Él, teniendo presente que debemos seguir con el discipulado integral. Es un proceso de largo plazo pero es el camino de nuestro llamado y propósito. Cumplamos con nuestro diseño, es lo que Dios espera que hagamos ¡ÁNIMO!  

María Pacheco

Maturín, Venezuela

Importancia de la Seguridad

El brote mundial del virus apenas comenzaba. Estaba a punto de salir del baño del aeropuerto en este país socialista Centroamericano en el que estamos trabajando y mentoreando a un “equipo misionero” tribal. Mi curiosidad me detuvo para observar a un trabajador de salud pública rociando una solución de olor fuerte en cada uno de los inodoros. Fue abriendo cada puerta y rociando la solución de arriba abajo, hasta que encontró uno que tenía la puerta trancada. ¡El trabajador miró debajo de la puerta, y pudo averiguar que de verdad el inodoro estaba siendo usado por un caballero ocupado con sus necesidades biológicas!

¡Lo que sucedió después me sorprendió y me divirtió de la manera más magnífica! Por un breve momento el trabajador de salud pública se quedó pensativo, ¡y luego, como si el deber de la seguridad lo venciera, ¡comenzó a rociar la solución sobre la parte superior de la puerta, bañando al hombre que estaba sentado abajo quien empezó a toser y ahogarse!  ¡La importancia de la seguridad!

De una manera aparentemente caprichosa, la idea de “estar seguro” ha llegado a decidir la planificación, la política y la dirección en nuestra sociedad actual, e incluso en muchas de nuestras iglesias. Aunque personalmente apoyamos la idea de “prácticas de seguridad” (lo que sea que eso signifique), no creemos que la importancia de la seguridad personal, individual y muy particular de uno debería siempre ser la máxima prioridad.

Ya sea para bien o para mal, parece que la situación del virus ha servido para poner al descubierto numerosos valores y convicciones subyacentes en nuestra sociedad. Muchos individuos están redescubriendo que la idea de “la seguridad” es un concepto extremadamente subjetivo y arbitrario. Además, en estos días, la importancia de la seguridad parece haberse convertido en un escudo que no debe ser cuestionado y que a veces puede usarse para camuflar lo que de otro modo sería visto como pereza, indisciplina o irresponsabilidad. ¡Algunas veces puede parecer misteriosamente “conveniente” destacar la importancia de la seguridad!

La mayor parte del mundo se ha visto obligada a rendirse al tema predominante de la importancia de la seguridad. A medida que los temores y peligros del virus finalmente se infiltraron en el territorio tribal, los aldeanos indígenas igualmente no podrían escapar de esta situación.

Recientemente estuvimos charlando sobre lo que el hermano Pablo compartió con los filipenses relacionado con cómo debemos pensar de las demás personas. Mientras que cada miembro del equipo tribal contribuyó al desarrollo de la conversación, compartí la historia del trabajador de salud pública en el aeropuerto y cómo ilustraba que, incluso cuando tenemos las mejores intenciones, a veces podemos quedarnos muy cortos en nuestros objetivos.

¡La respuesta de Martin se relacionaba muy bien tanto con el reto de Pablo como también con el tema de la importancia de la seguridad! Aquí está la traducción de parte de lo que dijo: “Entonces, esto es lo que entiendo. Primero digo, mira, nuestra forma de pensar es completamente diferente ahora. La forma en que nuestros pensamientos eran antes de estar en Cristo estaba completamente contaminada. Dios tiene renovadas nuestras mentes y también nuestras vidas.

“Cuando llegó el virus COVID, creo que cometimos un gran error. Me parece que por un momento nuestras mentes siguieron la vieja forma y comenzamos a pensar en nuestra propia seguridad personal y no en servir a los demás. Nuestra seguridad personal y nuestra salud son importantes, pero no es la prioridad más importante. Necesitamos trabajar duro para ayudar a nuestra gente a comprender la historia de Dios y la seguridad que va más allá de esta vida. ¡Esa es la seguridad más importante, la eterna! Si nosotros no vamos para enseñarles paso a paso la historia de Diosentonces nunca van a poder entender.

“Cuando la gente escuchó sobre el virus, muchos pensaron que estaba llegando en el aire y realmente tuvieron mucho miedo. Ellos buscan refugio en su religión, pero viven sin esperanza y sin Dios. Preguntamos a las personas si creen que están a salvo y qué seguridad tendrán si el virus los atrapa y los mata. ¿Dónde estarán entonces, cuando en un instante ellos sean llevados de este mundo?

“Los hijos de Dios necesitan aprender a servir. Ninguna persona nace ya sabiendo como servir. No nacemos como conocedores, excepto quizás para hacer el mal, pero no para bien. ¡Dios me está mostrando que el orgullo, el egoísmo, y el solo estar pensando en mí mismo hace que sea imposible servir! Necesitamos adquirir más humildad, amor y paciencia. Mi esposa y yo le dijimos a Dios que queremos ese tipo de corazón, nosotros queremos ser de bendición y servirle a Dios hasta que nos toque morir. 

“A veces podemos tener contaminación en nuestros pensamientos. Es como la historia que Rick nos contó sobre el trabajador en el aeropuerto que estaba más preocupado por la importancia de la seguridad que por cuidar a las personas, como el hombre en el baño que él estaba rociando con el químico. Creo que la mente del trabajador de salud estaba contaminada, no de una mala manera, sino con una mentalidad equivocada. Si su pensamiento hubiera sido correcto, se habría preocupado por los demás y por su seguridad, y no habría echado ese químico a ese miserable hombre en el inodoro. A veces nosotros somos exactamente como ese hombre que se preocupaba tanto por la importancia de la seguridad, pero no pensaba en la importancia de las vidas de los demás.  A veces nosotros hemos sido culpables de ese mismo error”

Pablo exhortó a los discípulos filipenses diciendo: “No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo. Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros.” (Filipenses 2: 3-4).  Palabras relevantes hace 2000 años y un desafío práctico que nos llama a la creatividad y a la acción hoy.  

ASISTENCIA Y SERVICIOS

En esta oportunidad tenemos el privilegio de escuchar de un matrimonio joven venezolano — Alejandro y Andrea Hernández sobre el tema de ASISTENCIA y SERVICIOS.

Durante este tiempo de pandemia hemos observado a muchos creyentes tristes y desanimados debido a que no pueden “asistir” a la iglesia. Muchos están a la espera de que nuevamente puedan abrir los locales para volver a seguir asistiendo a la iglesia. Eso nos ha dejado pensativos: ¿Por qué nuestra mente se limita tanto y no vemos más allá? En las Escrituras podemos ver que Jesús nos anima a servir buscando a los perdidos, atendiendo a huérfanos, extendiendo asistencia a las viudas, los enfermos, los presos, la gente de la calle y demás. Se nos hace que a veces nuestra mentalidad está ligada a la idea de “asistencia a los servicios” que dando servicio de asistencia en el nombre de Jesús. Nuestra terminología y el significado tradicional de ella puede ser confusa. Esta situación de la pandemia nos presenta una nueva perspectiva y oportunidad para romper las barreras del local e ir por quienes tanto necesitan del evangelio.

Cuando existe un verdadero enfoque bíblico, una buena instrucción y entendimiento en cuanto al discipulado y el propósito de la iglesia, podemos caminar libremente desarrollándonos bien como cuerpo, haciendo la voluntad del Señor sirviendo y asistiendo a los que no le conocen. No sabemos cuándo cambie esta situación de aislamiento, pero lo que sí debería estar cambiando son nuestras mentes y corazones en cuanto a cómo debería ser nuestro servicio y nuestra asistencia.

En estos últimos días hemos pensado mucho en nuestras propias necesidades y cómo resguardarnos de este virus, sin pensar en aquellos que no tienen nada, ni siquiera esperanza. Dios nos ha estado poniendo algunos retos y enseñándonos. En la segunda carta a Timoteo, el Apóstol Pablo dijo: “Nosotros podemos estar encerrados o encadenados pero la palabra de Dios nunca podrá estarlo.”

Es por ello que aún desde casa podemos aprovechar al máximo los días orando, meditando en las Escrituras, y a la vez, realizando un mejor servicio como el que Jesús nos enseñó.

Esta pandemia puede prolongarse, pero a la vez, Dios puede darnos estrategias para seguir sirviéndole. Ahora que estamos en esta situación reconozcamos que no hemos servido como se debe, además probablemente no hemos tenido una buena preparación para aprovechar las oportunidades que se nos presentan. De nuevo pensando en Pablo, el apóstol, fue encerrado varias veces y en cada situación, encontró cómo aprovechar el tiempo. ¡Creemos que nosotros también podemos aprender!

Mientras estamos a la espera de que todo afuera vuelva a ser como antes podemos llamar, escribir, usar la tecnología como puente para muchas cosas que antes no pensamos. Los perdidos siguen en necesidad de Dios y en necesidad de un servicio de asistencia provisto por nosotros su cuerpo.

Aprovechemos este tiempo para evaluar nuestros valores y principios. Esto nos recuerda las palabras que encontramos en el capítulo once en el último párrafo de la página 325, del libro Las Lágrimas en el Camino de Mileto.

Hermanos, cuando hablamos de servicio, no estamos hablando de predicaciones, de dirigir cultos y cosas por el estilo. Más bien, estamos hablando del ministerio relacionado a un principio encontrado en Mateo 25:37-40, ministerio con los necesitados, los hambrientos, la gente perdida, desesperada y que está sufriendo; los enfermos, presos y abandonados; los huérfanos, viudas, etc. Dentro de la congregación estamos hablando del servicio que está ligado al fundamento de Filipenses 2:1-4. Hasta Pablo y Bernabé fueron exhortados a recordar siempre a los necesitados, cosa que Pablo había procurado hacer con mucho cuidado como parte de su ministerio (Gálatas 2:8-10).

Dios los bendiga.

Alejandro y Andrea Hernandez

Misioneros con SADI – Venezuela